El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

11 octubre, 2010

Pixies de nuevo, más de lo mismo, insistimos, no queremos ser pesados pero lo que pasa es que...

Sí, pero yo no quería escribir una crónica del recital de los Pixies. Las crónicas, salvo las de Foster Wallace –que son tratados antes que crónicas-, me aburren una barbaridad. Pero bueno, quería, en algún sentido, decir que yo estuve ahí, que los Pixies son un poco míos, o algo así –más bien algo así, porque lo que quiero decir es que los tipejos como uno se definen, en parte, por sus gustos, como cualquier chambón, y uno de los gustos de este en particular son los Pixies, así que vayan calculando…-. Para eso, siempre, lo mejor es ir directamente al grano y hacer lo que uno quiere hacer, es decir: niños, no hagan esto en sus casas. No se dejen ganar por circunloquios ni preámbulos.

A diferencia de Pink Floyd o Led Zeppelin o Van der Graaf, mi primer contacto conciente con los Pixies fue musical. Porque antes de saber a qué sonaban Floyd o Zeppelin o Van der Graaf, había escuchado sus nombres –difíciles de decodificar. ¿Qué es un Floyd rosado? ¿Un Floyd puto? Van der Graaf, ¿era el cantante? Digo, como el pelado ese, Patricio Rey.

No. De los Pixies: ni noticias. Me los llevé por delante a eso de los 18, 19 años. Había conseguido laburo en una librería de textos escolares, por la temporada. Junto conmigo entró una parva de pendejos, entre ellos, una rubiecita un poco mayor que yo, de nombre (más o menos) exótico –‘Daiana’, supongo que por alguna ‘Diana’ del angloworld, pero en una de esas es un personaje bíblico y acá estoy yo quedando como un boludo una vez más-. A los dos minutos, ya estaba enamorado. Hablamos bastante, y en una salida nos dimos unos besos que me llevaron derecho al quinto cielo. Del que caí más o menos a la misma supersónica velocidad en cuanto se dio cuenta de que yo estaba hasta las manos con ella, sumado al hecho de que, bueno, ella estaba enamorada de otro. De todas formas, le debo alguna que otra cosa. La primera, haber terminado en el Rojas una noche de verano a ver a una banda que me dejó culo parriba: los Reincidentes. (En ese entonces, nada de ‘Pequeña Orquesta’ ni ninguna mariconeada del estilo. Estamos en el ’97, ponganlé.) Ella no estaba, pero en ese entonces tampoco me importó, porque lo que había visto no se parecía en nada a otra banda de rock, sino que más bien era… lo segundo fue un cassette TDK que me prestó, que solo tenía una etiqueta de un lado. Decía ‘Pixies’, y eran como dos horas de melodías imposibles, brevísimas, y gritadas entre guitarras que estaban perfectamente dispuestas a sacarse de encima al cantante.

A la chica la perdí. Al cassette, también. Después pude darme cuenta de que lo que había ahí eran los dos últimos discos, “Bossanova” y “Trompe le Monde”. Probablemente los peores. De los que me di cuenta a través de otra chica de nombre exótico –soy un imán, la reputa madre-. Ya había escuchado Surfer Rosa y Doolitlle… pero bastante por arriba, loco. ¿Cómo no habia reparado en “Debaser”? Ese tema es todo lo que me gusta del rock. Adrenalina, furia desatada, grito pelado, repetición hasta el aburrimiento (hasta quedarse sin aliento, pero nunca sin voz). Me los fumé de arriba abajo y de derecha izquierda. Hasta que todo terminó después de un año y varias monedas más. A las patadas, como no podía ser de otra manera, conmigo hasta la manija de resentimiento, odio, cansancio y todo el amor enfermito del que soy capaz. Escuchar a los Pixies me hacía mal, así que los puse entre paréntesis su buen tiempo. Pero de estas cosas también se sale –a menos que uno muera en el proceso, lo que no fue mi caso-, porque uno es tan vulgar como el resto de la humanidad, así que fui libre de patear el paréntesis a la tribuna y descubrir lo único que me faltaba: la falta de sofisticación de “Come on Pilgrim”, el primer disco, el peor grabado, el más directo, el más surfer, el más latino. Quizás el más alegre, pero el menos convencional. Lo más conocido es la primera mitad. Pero de momento, me quedo con los últimos: “I’ve been tired”, “Nimrod son” y “Levitate me”.

Como en los últimos años descubrí que tengo el berretín de la guitarrita –como siempre, un adelantado: formo mi banda adolescente a los 30 años-, desde hace algún tiempo bajo tablaturas de los temas de los Pixies para tocar en guitarra. Si lo que pretendo con eso es levantarme minitas en un fogón, es que soy muy inteligente, claro está.

Eso es lo que quería escribir. Esa cosa autorreferente, yoica y ombligueante de la que no escapo –pueda o no-, y en la que no paro de insistir. El recital del otro día solo incentivó el trío Pixies-internet-mi guitarrita. Así que ya los dejo, en procura de poder tocar “Hey” un poquito más rápido que lo que mi tortuga camina.

Matías Pailos

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