El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

22 noviembre, 2011

El yo-yo Russell

Yo, yo y yo. Y si queda espacio, también yo. La literatura auto-referencial es pura confusión que encubre el verdadero fenómeno: un autor desbocado. Que no se dedica a describir el mundo o a pintar su aldea. (Lo que es una bendición: basta de confundir oficios. Un teclado no es una brocha gorda.) Que no se aboca a la tarea de divertir, de ser un correcto artesano obediente de las reglas del género. (Otra bendición. Ya bastante tengo con agachar la cabeza ante mi jefe como para hacer lo que me diga un cacho de tela.) Que no arma un rompecabezas complejo con múltiples personajes. (Porque los narcisistas no tienen la capacidad suficiente como para resolver acertijos engorrosos.) El autor auto-referencial pone el carro delante del caballo y a él por delante de la historia. Y todos trinan. No a coro, porque la gente nunca se pone de acuerdo. Por un lado, gritan “aburrido” –porque ellos creen que solo los divierte “una historia bien contada”, y cuando el autor aparece en primer plano, los límites del relato se difuminan-; por el otro, se indignan: “¿y a mí qué me importa cuál es el postre favorito de tu abuelita?”.

Y en el fondo, todos tienen razón.

Así que hacerles ver que, a pesar de eso, hay algo que se les escapa, es todo un triunfo.

Pero bueno, hay antecedentes notables para todo. Por ejemplo, qué se yo: Henry Miller. Acá tenemos una primera persona, como en cualquier autobiografía, contando parte de su vida, como en cualquier capítulo de una autobiografía, durante 200 o 300 páginas, como en cualquier novela más o menos estándar, desde una primera persona desaforada. Como en muy pocos lados.

Miller es hijo directo del hombre del subsuelo de Dostoievski, muy dispuesto a poner los trapitos al sol, lavar la basura fuera de casa y todas esas cosas detestadas por los códigos del mundo del fútbol. Mezcla un egoísmo hiper-narcisista que raya en lo ridículo –en abundantes dosis de priapismo dispuesto a trasmutar en poncho cualquier agujero- con cierta búsqueda ética de runfla existencialista (algunos años antes de que la cosa se pusiera de moda) con visos epifánicos de corte budista. Lindo mambo, tenés.

Sumen a Philip Roth. Incluso cuando no dice “Philip Roth”. Incluso cuando se camufla. El nombre es lo de menos.

Este es un primer modelo. Si quieren, “propiamente norteamericano” –hasta que encontremos algún caso que lo desmienta. El segundo podría ser “propiamente no-norteamericano” (perdón). Acá el autor se pone como personaje, abandona la primera persona, se toma en solfa (un poco), se pone como clave, pero también como uno más. Lo fundamental: no protagoniza. Pienso en el Sábato de “Abbadón”, y ya que estamos, pienso en el Houllebecq de “El mapa y el territorio”, que me cuesta no recomendar un montón, así que para qué reprimirse. Podría pensarse que acá no hay mesianismo, pero ya les dije: Sábato y Houllebecq.[1]

El tercer tipo de literatura del yo es la que está de moda. Sebald/Vila-Matas/Levrero. El auténtico Eje del Mal. Es “del yo” porque el autor dice ser el autor, y te cuenta mucho de su –intrascendente- vida cotidiana. Hay: mezcla de registros (ensayo, crónica, algún poemita, autobio y pure fiction), un si es no es moderno en la voluntad de hacer algo (i) nuevo, (ii) superador, y (iii) actual, y muchas ganas de apropiarse del relato (de hacerlo verdaderamente propio… no sé qué quise decir con esto). De todos los que nombré, el que más me gusta es el Levrero de “La novela luminosa”. Pero si solo van a darle una oportunidad al sub-subgénero, léanse “Tres reflexiones acerca de la muerte”, un cuento de William Vollman que consiguen en el volumen 1 (el único en el mercado) de “Lo mejor de McSweeney’s”.

Después está Polleri. Qué capo, Polleri. El tipo solo escribe autobiografías. Por ejemplo, la de un muñeco de ventrílocuo (en “La inocencia”). Por ejemplo, la del autor de “Gran ensayo sobre Baudelaire” (en “Gran ensayo sobre Baudelaire”). Por ejemplo, la de loquitos, artistas y lúmpenes (en el resto). Léanlo: nadie escribe como él. Tiene el envaramiento del Dostoievski de “Apuntes del subsuelo” (link a Miller) y la agilidad poética de estos tiempos de un pendejo como Martín Dubini. (A propósito, vayan a http://www.agenciadecontrol.blogspot.com/ y después me cuentan.) Yo quisiera escribir como Polleri. O como Dubini.

La pregunta es: ¿y los blogs? ¿Y las capas geológicas de pequeños burgueses que en algún momento de nuestras vidas hicimos semi-públicos nuestros (escasos) triunfos y (múltiples) derrotas, en formato blogspot, wordpress et alt? ¿Qué tienen que ver con todo esto?

Bueno, de momento: nada.


Matías Pailos



[1] A los que podríamos sumar al David Foster Wallace que protagoniza –o sea: no lo podemos sumar- la última novela de David Foster Wallace, “The Pale King”, todavía no traducida al español. La producción de este artículo decidió por voto dividido mencionar este hecho en una nota al pie. (Notabene: no sé en qué quedamos, entonces. ¿Mando o no al tacho lo de “no-norteamericano”?)

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6 Comentarios:

Anonymous V-M dijo...

El libro de David Foster Wallace ya está traducidio al español y hasta publicado (Mondadori). Para que veas no sólo me ocupo de mi "yo".

E.

23/11/11 03:51  
Anonymous Pailos dijo...

Ay, E.V-M, es que las noticias editoriales llegan inevitablemente tarde en este agujero del tercer mundo. (Con decirte que apenas sabemos manejar internet!)
Gracias (entre otras cosas) por la enmienda.

24/11/11 13:55  
Anonymous Anónimo dijo...

Otra enmienda: si el mercado es el hispano parlante, el volumen 1 de MCSWEENEYS no es el unico del mercado...
A todo esto, el primer volumen es excelente.Aquel cuento de los hombre primitivos, cuyo autor y titulo mi memoria se empecina en olvidar, es notable.
PDP

24/11/11 14:13  
Anonymous Pailos dijo...

el alcance de mis cuantificadores es el mercado argentino, PDP.
Quizás te estés refiriendo a "Fuego: ¿El Próximo Palo Afilado?", de John Hodgman. (Pero después hay un cuento de DFW en "Extinción", que se llama "Otro pionero": increíble.)

24/11/11 17:58  
Blogger PONS Idiomas dijo...

Hola, quizás os interese saber que tenemos una colección que incluye el relato 'Defender of the Faith' de Philip Roth en versión original conjuntamente con el relato 'The Courter' de Salman Rushdie.

El formato de esta colección es innovador porque permite leer directamente la obra en inglés sin necesidad de usar el diccionario al integrarse un glosario en cada página.

Tenéis más info de este relato y de la colección Read&Listen en http://www.ponsidiomas.com/catalogo/salman-rushdie---philip-roth.html

28/11/11 09:43  
Blogger Gonzalo Garcés dijo...

Matías. Parece que estamos conversando en diferentes lugares sobre lo mismo. Y con los mismos referentes: Miller, Roth, Levrero, Sabato y allegados.

Me gustó tu clasificación de literaturas del Yo. La versión norteamericana, está claro, corresponde a una idea diferente de la identidad. La identidad americana, en principio, no se construye sobre la clase, los privilegios adquiridos, los diplomas. Se construye sobre los actos de cada día. No importa qué tanto o qué tan poco se realice este ideal en la prática. El hecho es que está profundamente engarzado en la cultura yanqui. Proviene de los sermones de John Witherspoon acerca de la biblia hebrea y el destino americano, de la revuelta contra el edicto británico sobre los impuestos a la melaza, poco importa: no se puede pensar una narración personal inteligible, al norte del Río Grande, sin partir de estas premisas. Hay entonces una idea subyacente de lo crucial, lo irrepetible de cada acto, que afecta profundamente a la idea americana de la identidad.

El Yo argentino es un arquetipo platónico; el Yo norteamericano es apenas algo que sucede. La literatura argentina del Yo, típicamente, se ocupa de la herencia, el determinismo del suelo natal, las figuras recurrentes, las constantes. Para nosotros no es real lo que sucede una vez. Sólo es real la ecuación, el promedio, el modo de producción, el procedimiento. Así Sarmiento, Borges, Sabato, Cortázar, Piglia (¡la idea más acabada de la concepción argentina del "yo" está en Respiración artificial!), Saer, Aira. La literatura norteamericana del Yo se ocupa de una paradoja indefinidamente productiva. Y la paradoja es así: el Yo es el acto, los muchos actos; el Yo por lo tanto es algo inacabado, en proceso, inaprensible; y sin embargo, tengo que seguir navegando para tratar de arponear al Yo, esa ballena blanca que al final me va a matar.

Pasate si querés por mi provisorio blog: http://garcesgonzalo.blogspot.fr/2012/03/escribir-con-perro.html y la seguimos.

20/3/12 07:08  

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