El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

27 enero, 2006

La muerte de un viajante

La Habana, 1995. Ahí estaba yo, recién salido del secundario, en un viaje pagado por mis padres, realizado con mis padres, reticente al disfrute de lo exótico, remiso a los deleites caribeños. Gasté casi todo el viaje inmerso en las páginas de ‘Lord Jim’ y ‘Moby Dick’ (con la que peleé de principio a fin, me aburrí soberanamente, y llegué finalmente a detestar, a él y a Borges, por tan enfática –y errada para el que yo era entonces- recomendación). Iba poco a la playa, lo estrictamente necesario para evitar rencillas de una magnitud desmedida con mis progenitores –quienes, claro está, no entendían, no me entendían, no compartían, se preocupaban, se molestaban, y lo tomaban como algo personal (lo que en cierto medida probablemente fuera, a quién quiero engañar). Me encerré en el hotel 1, en Varadero, luego en el hotel 2, en Guardalavaca, un pequeño y acogedor novel balneario en el que descubrí con beneplácito que en Cuba había mucha puta barata (literalmente) –en la única aventura extra literaria de todo mi periplo castrista-, posteriormente en el hotel 3, en La Habana, donde habíamos iniciado el trayecto. Vi la Plaza esa grande, ¿cómo se llama? La Plaza de la Revolución, y sí, sentí un pequeño cosquilleo, ínfimo y efímero. Después, por suerte, volvimos a Buenos Aires y, por fin, tuvo lugar el mejor momento de todo viaje: el reencuentro con mi cama.
Algo peor tuvo lugar dos años atrás, en el veraneo en La Lucila –lo que prueba que mi encono o determinación había morigerado considerablemente, y ya no era en Cuba, ya no más, el energuménico torbellino huracanado que negaba cual solipcista avant la lettre no el espacio exterior, sino su importancia. Nada del mundo me importaba, o mejor: a nada quería darle importancia. Así que les planteé clarito a mis padres, el día de arribo a La Lucila, mi propósito de volver. Ellos, claro, que hicieran la suya. El que se enojaran me desconcertó un tanto, lo confieso. ¿No iban a estar mejor sin mí? Yo no quería estar ahí, y no estando, no arruinaría sus exultantes jornadas de lagartear en la playa con el diario, la arena, la sombrilla y el mar.
Ellos, de suyo, no pensaron lo mismo.
En fin, ya no soy el mismo.
Viajo algunas veces al año, y siempre disfruto mucho del viaje, del trayecto, de las largas jornadas en el primer piso de un coche cama relativamente cómodo atravesando la pampa criolla, con casetes en walkman, con libros y apuntes, con la monotonía esquiva y lejana del paisaje (Vila Matas cuenta que siempre lo contempla con melancolía, quizás –dice Vila Matas- porque leyó que así se lo miraba en los libros de los que gustaba). Joya.
Y ahora, casi en las postrimerías de mi veintena, me encuentro con que, qué joder, disfruto conociendo y recorriendo territorios ajenos y no transitados. Ahora descubro que mis gustos son los de todos. La música que escuchan todos yo ahora la escucho.
¿Qué me disgustaba, entonces, de los viajes? Muchas cosas. ¿Qué todavía me disgusta? Creo verlo claro: el alejarme del trabajo. No trabajo. No escribo filosofía, no escribo literatura, leo (como ya habrán visto en ‘Un set por Rodrigo Rey Rosa’) apenas dos páginas por día… una farsa. Al menos eso, si no más, para quién se precia de dedicar buena parte de su jornal a la faena productiva intelectual. (Zed detesta esta asociación entre productividad y literatura, él junto con muchos y muchos capitalistas y consumistas culposos. Qué le vamos a hacer.)
Un amigo de la casa, Ex_Leninista, dejó caer en una ocasión, como una gracia, como una nota al pie, una duda que era un comentario: “¿es que hay filósofos no obsesivos?” (Entiéndase en este contexto que ‘filósofo’ abarca también todo aspirante a tal.) En su momento le respondí enfáticamente que no. Hoy comienzo a rumiar que puede que tuviera razón.

Matías Pailos

9 Comentarios:

Anonymous Zedi Cioso dijo...

Deleitable, exquisito post (re).
El capítulo de la Habana da para varias entradas, a decir verdad, pero veo que ud. prefirió echar un manto de pudor. De todos modos, la figura de un joven obsesivo que se encierra en los hoteles de la ciudad vieja para leer Moby Dick no deja de ser una imagen ajena al imaginario de la Isla.

Argumentos a favor de tu obsesión:
"¿Viajar? Para viajar basta con existir.
Sólo la debilidad extrema de la imaginación justifica que haya que desplazarse para sentir".

Fernando Pessoa en el Libro del desasosiego

Y en cuanto a la productividad literaria, haré mías las palabras pronunciadas por un grupo de vanguardia literaria de los 70'
"El escritor -el lector- no es un capitalista, un acaparador de algún sentido previo qeu, después, comeo en eun movimiento bifásico, intertiría en la escritura-lectura extrayéndole intereses. En la literatura no hay bancos ni cajas fuertes ni cuentas claras".

Literal, Mayo de 1975

27/1/06 12:04  
Anonymous Zed dijo...

Fe de erratas, no quise decir "imagen ajena", sino afín al imaginario de la isla.

Me estoy poniendo chocho.
Z.C

27/1/06 12:05  
Blogger madpercolator dijo...

Siento gran empatia con la voz de este post. Ya Cioso anticipo mi comento sobre El libro del desasosiego. Es el libro que tengo al lado de mi teclado - lo uso cuando quiero sentirme menos perezosa y a la misma ves menos, eh, dotada.

Y mira que la empatia existe aunque a mi me encanto a Moby Dick (no tanto a Lord Jim, aunque debes leer "The Secret Agent" a encontrar la essencia de Conrad)! Se debe evitar de leer los capitulos enciclopedicos sobre los especies de ballena.

La aproxima vez que esta en Habana, puede visitar la Plaza de Celia Sanchez (creo que asi se llama) - que lo diseno mi abuelo, un arquitecto estorbadamente (si no es palabra, lo invento) comunista de los anos 50-90. Se que en Buenos Aires, se respeta mucha la arquitectura.

27/1/06 12:59  
Anonymous Matías Pailos dijo...

El turro de Nabokov dijo sobre Conrad, frunciendo la nariz: 'Bah, literatura para varones adolescentes'. Es simpático Vlad, aún en sus desprecios, aún cuando procura mostrarse antipático, no puede evitarlo.
La imagen de un adolescente argentino obsesivo y obsesivo encerrado en un hotel de la ciudad vieja es una imagen que remeda la de un joven norteamericano y alcohólico encerrado en una habitación de otro hotel tropical de Indochina, al borde de la locura, viendo fijamente girar las espátulas del ventilador a punto de destrozar el cuarto y cortarse las venas, a punto de internarse en los ríos de Camboya o Vietnam o Laos en busca de un adulto americano o francés del otro lado de la locura.
Todo esto inspirado en otro Conrad: el de 'Heart of the darkness'.

27/1/06 14:33  
Anonymous Matías Pailos dijo...

¿Puedo corregir a nuestros imberbes padres de Literal? Claro que puedo: en literatura hay bancos y cajas fuertes, pero no cuentas claras.

27/1/06 14:35  
Blogger cutipaste dijo...

Ex_Leninista tiene razón. Es una inducción, pero se corrobora día a día y lpm.
Al margen, me gustó mucho el post.

29/1/06 08:45  
Anonymous Zedi Cioso dijo...

Comparto la apreciación de Madpercolator en lo que a Pessoa se refiere y hago la misma recomendación a quien le resulte tediosa la lectura de Moby Dick, pero por mi parte tengo que confesar que me encantaron los capítulos donde Melville se explaya en la anatomía, costumbres y otros aspectos afines a la Ballena ¡Era como un Discovery Channel del siglo XIX!

Señor Pailos, en literatura no hay certeza alguna de que una inversión sustanciosa vaya a rendir alguna utilidad. Asimismo, hay algunos que con muy poco capital montan grandes imperios. Quizá de eso se trate la cosa: invertir en acciones quebradas, triunfar en empresas inútiles.

Zed

29/1/06 23:29  
Anonymous Matías Pailos dijo...

El romanticismo perpetuo que exhudan las sentencias de Cioso, confieso, más de una vez me hincha soberanamente las pelotas. Pero a romanticismo, romanticismo al cuadrado: no se trata de invertir en empresas inútiles sino en todas, en las pocas que están a nuestro alcance, desesperadamente.

PD: esta aseveración, como la de Cioso, como muchas de nuestro bienamado Bolaño, simulan la exhibicion de un aspecto oculto de la verdad. Patrañas. La verdad muchas veces se parece más a la cordura y sensatez burguesa que al maximalismo decembrista. En mí, en Cioso y (vamos a sumarlo al trío, ni que fuera un santo patrono) Bolaño, hay mucha pompa y oropel, y bajo eso nada, pero nada más.

30/1/06 00:30  
Anonymous Matías Pailos dijo...

No hay certezas, claro. Puedo tirarme desde un séptimo piso y caer sano y salvo en una pileta. Puedo estar engullendo una tortafrita en mi cocina del piso 47 y ver como el ala de un aeroplano se incrusta en mi ventana y me lleva puesto consigo.
Por algún motivo la gente, entre tirarse de un balcón y engullir tortafrita, opta por esto último.

PD: sólo los cartesianos recalcitrantes creen que para tener conocimiento debemos adquirir certeza.
Y los cartesianos recalcitrantes no gozan de buena prensa.

30/1/06 00:34  

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