El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

20 diciembre, 2010

Acerca de "La vanguardia intrigante"

1. Conocí a Ariel Idez primero como escritor que como investigador. Por eso me permito comenzar corrigiendo un dato en la solapa de su nuevo libro: éste no es su primer libro. Entre la entrega de los originales de Literal. La vanguardia intrigante a Prometeo, y su aparición hacia fines de este año, como decía, conocí un libro de cuentos de Ariel, su primer libro publicado, No vas a ser astronauta, y con esto no pretendo reclamar cierta precedencia o establecer un número en una serie –que seguro será prolífica– sino intentar una clave de lectura. Es preciso leer su libro sobre Literal sabiendo que Ariel es también el escritor de No vas a ser astronauta. Explicar esta afirmación es algo que me va a tomar no más que unos minutos.

2. No muchos saben que la editorial Pánico el pánico toma su nombre de una indicación de Oscar Masotta en su libro sobre el Pop Art. Allí, Masotta se refiere a “los pánicos de una cultura visitada y atormentada por los peligros de convertirse en naturaleza”. Entonces, cuando recibí el manuscrito del primer libro de cuentos de Ariel, y entré en el blog en que escribe junto con Matías Pailos –El mate tuerto– y leí “se fingirá el saber que no se tiene”, noté un guiño inquietante. Inmediatamente, me sumergí en sus cuentos, y leí Carne, seguramente el mejor cuento que se escribió en este país en los últimos diez años –porque ya casi no se escriben cuentos ni novelas, sino nouvelles, más o menos cortas, y eso no tiene que ver exactamente con la cantidad de páginas; mientras que la poesía, en más de un caso, es un efecto no deseado del cierre de boliches habilitados para bandas de rock; aquí está lo que nos dejó Cromañon: el rebrote de la música desenchufada y pseudo-folk, y un montón de poetas de contrabando que escriben canciones sobre un yo ampliado (ellos y sus amigos), o, como decía Borges, sobre vaquitas, el campito, toboganes, la infancia, y otras cositas que nos pasan día a día–. Nos atormentaba el peligro de convertirnos en naturaleza –de naturalizar el uso del lenguaje–, recogiendo voces cotidianas, sobreactuando la intimidad, cuando Ariel escribió Carne: un relato situado en la época de lo que algunos llaman las vanguardias del 60, acerca de un tipo –el artista– que de trabajar en La Farola haciendo milanesas pasa a convertirse en un referente cultural del arte de su tiempo. Su único “esfuerzo”, y no digo su “talento”: pegarle a la carne hasta darle forma. ¿Qué es escribir sino golpear la lengua con un palo de amasar, con una maza, con un martillo astillado? “Se fingirá el saber que no se tiene”, es cierto, pero porque así se tendrá, al menos, la ficción del saber; y la forma de la escritura.

3. Con Marina Gersberg publicamos el primer libro de Ariel. Y cuando Ariel se acercó a decirme que salía su libro sobre Literal, le dije: “vos no me vas a pedir que yo hablé sobre vos, así que dejame que te lo proponga”. Porque –quisiera ser claro– este nuevo libro de Ariel, su tesis de licenciatura, premiada y publicada con un subsidio de la UBA, no es, poniendo las palabras en su lugar, un libro universitario. Y esto es algo que puedo decir, con mucho gusto, dado que yo tengo casi los dos pies puestos en la universidad. Dicho de otro modo, si bien es evidente que éste es un libro surgido en un ámbito académico, no es otro de esos libros destinados a los anaqueles de las publicaciones que sirven para ganar becas, promocionar un currículum, organizar mesas redondas de gente malograda que se junta a decir “¡Ay!, el debate cultural es un debate político, las revistas de los setenta, la literatura argentina y sus fantasmas”. No, porque el libro de Ariel tiene carne, tripas, jugo. Comienzo, entonces, por el esqueleto.

4. Una introducción, tres partes, y una especie de coda lamborghiniana titulada “La vanguardia retrocede”. El esquema recurrente y nostálgico de casi toda tesis. Una introducción donde se recuerda a Héctor Libertella –una voz autorizada– y se menciona “el lento destilado del psicoanálisis en la literatura”. En fin, una introducción correcta, en la que se anticipan los tópicos de la investigación, y se los reconduce a esos nombres que legitiman una exposición, tanto como conjuran el desafío y la libertad de escribir. Lo mismo podría decirse, quizás, de la Primera Parte; reconstrucción histórica del paisaje intelectual de aparición de Literal: las charlas de café, las publicaciones de la época, la influencia de Masotta, una recensión de los números de Literal, la elucidación programática –el combate contra la representación, la reivindicación de la literatura como lenguaje autorreferencial–, una primera presentación de la noción de intriga: textos que no serían firmados porque, “cuando la literatura se realiza, ya no es de nadie: pertenece a todos y a la tradición”.

4. La Segunda Parte: una lectura situada del planteo de desvincular la literatura de una utilidad política a partir de una nueva concepción de la escritura y la lectura. “La literatura es posible porque la realidad es imposible” se afirma en el primer número de Literal, con un proyecto destinado a conservar la autonomía del campo literario, menos por esteticismo que por una ética de la práctica literaria, que combate, a un tiempo, su degradación en el periodismo, su metamorfosis populista y la añoranza de una realidad antepredicativa. En esta lectura sitiada –por la hipocondría del realismo y la infatuación de una literatura nacional– Idez denuncia también el intento de asimilación de Literal a un pretendido correlato parisino –la revista Tel Quel–, anticipando la que, sin duda, es la sección más sólida de su libro.

5. Si el libro de Idez hubiese concluido la Segunda Parte con una conclusión general de los “resultados obtenidos” hubiese sido una tesis adecuada, pero “regular”; si hubiera desarrollado una Tercera Parte parloteando sobre Bourdieu y microfísica foucaultiana, tendríamos ante los ojos una tesis “brillante”, de esas que no ponen nada –a-tética–, lista para ser citada, parafraseada, confrontada por un tesista posterior, y así, en definitiva, olvidada. Una pubelication, como Lacan llamaba a esos libros que la Universidad “banca” –o beca, porque depender de un subsidio del Estado no deja de ser otro modo de vivir con, y de, papá y/o mamá y, eventualmente, y para usar un término contemporáneo, amancebar al investigador con una “adolescencia prolongada”– unos de esos libros, decía, para que nadie se despierte. Sin embargo, la Tercera Parte del libro de Ariel Idez es innecesaria y, por eso, justamente, imperativa. En esta última sección de su estudio es donde, en primer lugar, vemos aparecer una lectura acerca de otros escritores: Ariel Idez escribe, fundamentalmente, acerca de Macedonio Fernández y Gombrowicz. Nos habla de una recuperación “a contrapelo”, por parte de los literalistas, de la sucesión martinfierrista:

“Literal no sólo se dedicó a atacar las posiciones del realismo y el populismo, sino que también tuvo un aspecto propositito que no se limita a los aportes del psicoanálisis y el posestructuralismo, ya que abarca una oferta de autores para construir su propia tradición. Los nombres reivindicados por la revista reenvían a la herencia de la vanguardia martinfierrista: Macedonio, Borges, Girondo…”

En esta Tercera Parte, Ariel Idez discute la referencia de autoridad mencionada al principio; implícitamente, con el medio decir propio de la verdad, enfatiza que la recuperación de Macedonio Fernández desmiente una mera aplicación del psicoanálisis a la literatura, ya que el trasfondo de esta lectura se encuentra en la obra de Gombrowicz. Éste último sería la verdad de aquél. Cabe afirmar que, después de haber leído el libro de Germán García La escritura en objeto, esta afirmación de Idez parece una suerte provocación, una boutade. Sin embargo, cabría decir que se trata, mucho más justamente, de una intriga. La conspiración de Ariel Idez como escritor, y ya no como tesista. En pocas palabras, no se trataría del psicoanálisis destilado en la literatura; sino, muy por el contrario, de “una práctica literaria desde el goce con la letra”. De este modo, en esta última sección se aprecia –en todo el sentido de la expresión– la “literariedad” de Literal, a través de un escritor que se afirma y reconstruye sus propios fundamentos presentándose como un lector concernido. Si me permiten un chiste, podría decir que el escritor es, en los mejores casos, al menos dos: uno cuando escribe, pero también aquél que lee y transmite sus lecturas.

6. Después de leer este libro, comencé una serie de relecturas; y en este sentido es que puedo también afirmar que el libro de Ariel fue generoso conmigo. Hace unos años había leído Nanina y El frasquito, pidiendo prestados los ejemplares en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En esta oportunidad, después de esperar un rato en el mostrador, la bibliotecaria se acercó a decirme que los libros ya no estaban, que seguramente se los había robado. Borges decía que había admirado a Macedonio hasta el plagio. Creo que puede ser una formulación inexacta, pero no por eso menos verdadera, afirmar que el saldo que hoy persiste de Literal entre los jóvenes es, a la letra, un incentivo al delito. Espero que este segundo libro de Ariel venga darles un poco de paz a esos rabiosos que nosotros mismos hubiésemos querido ser.

Luciano Lutereau

Este texto fue leído por Luciano Lutereau en la presentación de Literal: la vanguardia intrigante realizada el miércoles 15 de diciembre en el auditorio de UCES.

3 Comentarios:

Anonymous Pailos dijo...

Me gustó mucho! Hacés hincapié en un hecho relevante: el autor es un escritor. Digo: hace literatura. Su acercamiento al tema es ese: el de alguien interesado, casi antes que por cualquier otro tema, por la literatura. De ahí la diferencia que saca la tercera parte de la tesis. Quiero decir que el dato que traés a colación no es marginal -porque el autor no nos importa, solo nos mueve el texto y esas giladas-, porque es una (LA) clave de lectura del libro.

21/12/10 17:31  
Blogger Salgado Boza dijo...

¿Y hasta cuándo espero ambos libros?

Acá no tengo cómo mierda conseguirlos, y me intriga y descolocan... :P

abrazos
R.

27/12/10 18:15  
Anonymous Ariel Idez dijo...

Hola Rodrigo, Matías se iba a encargar del envío postal (creo que eso explica todo) procuraré hacértelos llegar en breve.

Abrazo transcordillerano

28/12/10 09:52  

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