El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

06 julio, 2009

Algunas consideraciones semánticas de importancia marginal

Perdimos, dijo Ariel. A continuación, el cimbronazo. Parte del saldo del ajetreado tire y afloje de ideas, acusaciones y vilipendios (que puede verse con detalle en la sección “Comentarios” del post anterior), fue el zarandeo del par “izquierda/derecha”, aplicado atinadamente a diestra y siniestra, con más o menos ton pero sin tanto son, en la puesta pública de las evaluaciones políticas –mayormente a cargo del sector intelectual del espectro interesado en el tema. (El resto del universo no le da tanta pelota.) Ya no recuerdo si fue Austin o Ryle (creo que fue Austin) quien distinguió entre dos disciplinas: la semántica prescriptiva y la semántica descriptiva. La primera se ocupa de decirnos cómo debemos usar las palabras. La última, cómo de hecho las usamos. Lo que sigue son algunos despropósitos afincados en el último ámbito.

1-Estamos más dispuestos a emplear el sustantivo “la izquierda” y el predicado “es de izquierda” fuera del propio terruño que dentro de él. Al informarnos acerca de la situación política de otros países –fuera de nuestra región, pero también dentro de ella-, una de las primeras cosas que hacemos es tratar de identificar los sectores idiosincrásicamente conservadores, y distinguirlos de lo que, de momento, llamaré “el resto”. Un segundo movimiento –que suele solaparse temporalmente con el anterior- es tratar de localizar los representantes locales con alguna posibilidad de ejercer el poder, que tengan como objetivo más o menos reconocible: la mejora de la educación y de la salud pública, el aumento del nivel de empleo, la disminución de la pobreza y la indigencia, el acortamiento de la brecha de ingresos y recursos, la mejora de las situación laboral (reducción de la jornada laboral, vacaciones, y demás), la instauración de algo así como un ingreso mínimo universal, la mejora de las condiciones generales de vida. A ese grupo lo etiquetamos con el mote de “izquierda” –o, al menos, de “más de izquierda”. Una vez que acercamos la lupa, comprobamos lo heterogéneo del colectivo. Los hay marxistas y los hay que no. Los hay fervientemente democráticos y los hay que creen que “eso no es una democracia real”. Los hay dispuestos a pactar con sectores fuera de este espectro y los hay que consideran que todo eso es una aberración, una traición y una agachada. A poco de andar, descartamos la etiqueta de “izquierda” por algunas otras más elaboradas, que tomen en consideración factores culturales que a primera vista pasaban desapercibidos. Eventualmente, si persistimos en el estudio del tema, nos negaremos a toda aplicación de nombres no acompañada por sus correspondientes comillas. Tres conclusiones apresuradas, entonces: (i) la aplicación del vocablo “izquierda” es favorecida por la distancia, (ii) la aplicación del vocablo “izquierda” es favorecida por la ignorancia, (iii) la aplicación del vocablo “izquierda” fuera del propio terruño es aplicada sin sonrojarse –y primariamente- a grupos con posibilidad seria de ejercer el poder. Una conclusión adicional: “izquierda”, tal como parece indicar el giro “más de izquierda”, también puede usarse, y se usa, de modo comparativo. Acaso se requiera que el término de la comparación al que señalamos como “más de izquierda” que el otro tenga alguna de las notas básicas que distinguí anteriormente –pero no parece que habitualmente se exija que las tenga mayoritariamente, mucho menos que las abrace in toto.

2-Al momento de pensar como transpolar el uso de la expresión en cuestión (i.e., “izquierda”) al ámbito local, la cosa es más peliaguda. El por qué de este fenómeno es algo que se me escapa. Pero he aquí algunas presunciones al respecto:
La información acerca de “lo que pasa acá” es más amplia. El espectro de sectores considerados, también. Cuando hablamos de otros lugares, identificar como de izquierda al grupo 1, es en parte distinguirlo en el sentido obvio del grupo 2. No vemos más que esos dos grupos, y ambos son nutridos. Al referirnos al ámbito local, la clase de referencia de grupos a considerar tiene mucho más que dos elementos. Tildar a este o aquél sector como “de izquierda” puede parecernos incorrecto, cuando están aquellos otros que parecen ser “mucho más de izquierda”. Además, nadie quiere ser reductivo. ¿Por qué decir que “x es de izquierda”, cuando se puede dar un informe mucho más detallado al respecto? Lo que sirve para una primera mirada aproximativa puede ser inútil una vez que ya estamos entre las cosas.
Por último: nosotros somos especiales. Argentina es un lugar único e irrepetible. “Izquierda” y “Derecha” sirven para todo el mundo, menos-para-acá. Somos diferentes: aceptémoslo. No somos como nadie más.
… o al menos eso nos gusta creer…

3-¿Qué es ser “progresista”? Es ser de “centroizquierda”. Algunos podrán atajarse, pero creo que eso es todo lo que hay –primariamente- detrás de estas palabras. Todavía “centroizquierda” parece cargar con algún contenido descriptivo. “Progresista” ya no. Pero la reticencia de los progresistas –los que se mueren de vergüenza al definirse como así y los que no- a asumirse como tales podría, precisamente, residir en la incomodidad con esa descripción (indefinida) asociada que alguna vez tuvo –la de ‘favorecer el progreso’ o algo así, donde ‘progreso’ resuena a futuro mítico, a paraíso encontrado tras ardua y rigurosa búsqueda. Resuena a viejo. Resuena a ingenuo. Y nadie quiere ser ingenuo. Acaso convenga dar con otra expresión. Pero la instalación de sentidos en el ámbito público no tiene lugar de la noche a la mañana. Mientras tanto, ¿qué? Les propongo, progresistas amigos, dejar de lado la vergüenza. Les propongo tratar de no sentirse ofendidos y humillados por los revolucionarios que nos tachan de reformistas tibios y cobardes: es lo que somos. Y tenemos buenas razones para serlo. Las revoluciones terminan, usualmente, en dictaduras. En gran medida, de derecha –y con nuevas cotas en la concentración del ingreso y empobrecimiento de la población.
Lo único seguro, en estos casos, son los litros de sangre derramada.

4-Con “derecha” no tenemos tantos remilgos. Todos son de derecha: desde Hitler hasta John Locke. Ahí no nos ponemos tan finos –ni nos acusamos mutuamente de usar mal las palabras. ¿Por qué será? Hipótesis apresurada 27: porque “derecha” tiene, entre nosotros, como utilidad primaria, identificar “al otro” (políticamente hablando). Pero, ¿en serio queremos meter a Hitler y a Locke en la misma bolsa? ¿Hacemos bien?

Matías Pailos

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