El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

11 abril, 2011

Breve anécdota que ilustra el porqué del carácter de mi madre e, incidentalmente, el mío

Tenía nueve años, por ahí diez. En todo caso más de ocho, menos de doce. Salí del ascensor y me asomé a la puerta del edificio de departamentos donde vivía. Era la hora después de la siesta. A la siesta no me dejaban salir, bah, mi abuela no me dejaba, ella era la encargada de cuidarme porque papá trabaja mamá trabaja abuela me cuida.

Abrí la pesada puerta de vidrio. Empujaba la manija de bronce como Conan el bárbaro uncido al yugo del molino. En la calle me lo encontré a mi amigo Marcos, que vivía en el mismo edificio. Si no fuera por lo que estaba por pasar no me acordaría del nombre. ¿Qué hacés, Marcos?, saludé. En lugar de responder Marcos alzó la vista, elevó las pupilas como dos pelotitas de chupetín bola loca bailando el blanco del ojo y entonces sentí como un viento y el cuerpo de una mujer cayó al lado mío. Fue una mancha borrosa que pasó a toda velocidad y después muchos ruidos todos juntos: el ruido de bolsas llenas de líquido que estallan, el ruido de huesos que se quiebran, el ruido de carne que se aplasta. El cuerpo de la mujer rebotó contra las baldosas y se levantó casi un metro, todo roto y blando, como si flameara en el aire y volvió a caer y ahí quedó. Miré hacia arriba. Fue una reacción instintiva, supongo, como si fueran a caer más personas, una lluvia de cuerpos; y ahí lo vi a Gustavo, otro amigo del edificio, que estiraba el brazo al vacío, la mitad del cuerpo asomado al balcón y no te miento, creéme, que vi cómo caía una lágrima haciendo zigzag en el aire y desprendiendo partículas en la caida, como si se fuera desarmando en el aire, la vi como en cámara lenta y después salimos corriendo los dos, Marcos y yo, uno para cada lado. Yo alcancé la puerta del edificio pero no acertaba a embocar la llave ancha de bronce en la cerradura para abrirla. Ya había salido la gente a la calle y se amontonaban alrededor del cuerpo, el empleado de la inmobiliaria de enfrente me sacó la llave de la mano, abrió la puerta y me empujó adentro con tanta fuerza que atravesé el hall y seguí hasta las escaleras. Subí corriendo los ocho pisos y entré a mi casa gritando. Busqué a mi abuela, que cosía con su máquina a pedal. ¡Abuela, abuela! Le conté entre hipos, lágrimas, toces y el corazón en la boca lo que acababa de pasarme y la abuela, sin levantar la vista del punto, me respondió entre el tac tac de las agujas:

_Andá a tomarte un nescuik que ya se te va a pasar.

Ariel Idez

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12 Comentarios:

Anonymous Matías Pailos dijo...

Aplaudo el título wallaciano y lo tremendo de la anécdota central. El remate fortalece el emparentamiento con el chiste, con el que el ala "Literal" de la argenlit tanto -y tan acertadamente- fastidia.

11/4/11 10:45  
Blogger Ariel Idez dijo...

Gracias Matías, como diría la doxa publicitaria, este texto "está basado en hechos reales"

Abrazo

11/4/11 11:51  
Anonymous Nacho dijo...

Muy bueno. Una anécdota cinematográfica. Ahora tenés que contar la precuela. La hisotoria de la abuela: cómo escapó a los nazis de Polonia, como llegó a la Argentina, conoció al abuelo, etc. Por lo que se infiere de la anécdota, no creo que sea una mujer muy impresionable.

14/4/11 14:07  
Anonymous arielidez dijo...

Bueno, tal vez no escapo de los nazis sino de los aliados...

14/4/11 14:57  
Blogger polifonia_letras dijo...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

14/4/11 16:23  
Anonymous Elsa Idez dijo...

Hijo, me gustaría tener una breve explicación respecto al porqué del título ¿ La anécdota es real o pura ficción ?

14/4/11 22:28  
Anonymous Ariel Idez dijo...

Querida Madre: te debo una breve lección sobre diferencias entre sujeto del enunciado y sujeto de la enunciación; es decir: el que firma no es equivalente al que asume el rol de narrador dentro del texto, ni siquiera cuando pretende serlo, que no es el caso aquí.

Besos

15/4/11 11:38  
Blogger Cobiñas dijo...

Genial :-))

15/4/11 23:45  
Anonymous Arielidez dijo...

Gracias Cobiñas, el jueves estuve en la 108 de Puán y me acordé de usted.

Abrazos

16/4/11 00:02  
Anonymous Anónimo dijo...

Muy bueno. El aporte de Mastroleo es válido. Claramente la parte más interesante es la no contada, aunque precisamente por esa cualidad. Quizás bastaría una semblanza del inmigrante que escapó de la guerra, sin referencia a su abu, pero sí a cadáveres o futuros cadáveres cayendo en forma de lluvia o de meteorito.

Teddy

16/4/11 21:53  
Blogger Cobiñas dijo...

Pero, se hubiera venido a tomar unos mates. Nos vemos el martes. Abrazos

20/4/11 20:58  
Anonymous Ariel Idez dijo...

Sí, es que no sabía adonde, si a su casa o al decanato :P Me alegrará mucho verla el martes por allí
Besos

21/4/11 11:35  

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