El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

27 noviembre, 2012

18 éxitos



 
En primer lugar quería agradecerles su presencia. Admito que esta captatatio benevolentiae suena un poco trillada, pero la utilizo porque, como sabrán, a fin de año se publican muchos libros: es ahora o esperar al año que viene porque nadie quiere sacar un libro en el verano, incluso este, 18 éxitos para el verano que, como las colecciones de moda, tiene que salir en primavera. Como les decía, la consecuencia natural de que se publiquen muchos libros es la multiplicación de las presentaciones, por lo que, seguramente hoy se están presentando al mismo tiempo dos o tres libros más. Por eso quiero enaltecer su presencia, lo que significa que no sólo han venido acá sino que han dejado de ir a la presentación de otro libro para poder estar hoy en este lugar. Es como los partidos de los equipos que luchan para no irse al descenso que en lugar de tres dicen que valen seis o nueve puntos. Yo ayer qué iba a hacer sino ir a la presentación de un libro, una antología del escritor uruguayo Mario Levrero que seleccionó y prologó un amigo y que se presentó en el bar Varela Varelita. Como la presentación era en un bar que es conocido por la generosidad de sus medidas en los tragos, no fue difícil quedarse bebiendo y charlando hasta altas horas. La cosa es que, cuando me quise ir me di cuenta que mi mochila no estaba. Mi mochila es como para Batman el cinturón, ahí tengo todos mis gadgets, desde una pantalla solar a una alicate de uñas, pasando por quitamanchas, libretas de apuntes, anteojos de sol. Pero lo primero que pensé –tenía encima la billetera y el celular– fue que en la mochila tenía mi colección completa de libros de Mauro Lo Coco.

Este es el momento en que mi madre hace _AHHHHHHH.

Y, claro está, todavía no había escrito esta presentación, que fui pateando porque me daba miedo escribir sobre un libro como 18 éxitos. ¿Qué decir? ¿Cómo estar a la altura? Lo positivo es que era una gran oportunidad para releer la obra de Mauro, y en eso había estado estos días. Pero ahora, horror. Me la habían afanado. Me imaginé a los ladrones abriendo la mochila, extrayendo los libros, leyendo algo al azar, azorados como primate ante plato volador ¿qué es esto? ¿de dónde viene? ¿pára qué sirve? Hoy no me quedaba otra que escribir de memoria, citando mal, mezclando los poemas de todos los libros y pensar que nadie va a creerme, que va a sonar como el cuento del alumno al que la tarea se la comió el perro. Y lo que más lamentaba era no poder recuperar un ejemplar de Ricardo Gravitando, por que sé que quedan pocos, o ya está extinto y de todas formas, la pérdida de mi ejemplar ya era irreparable. Guardo un cariño especial por ese libro porque fue el primero que leí de Mauro. Allá por el 2010 comencé una maestría en Comunicación y cultura que como todos mis estudios en Comunicación, nacía de un profundo desconcierto acerca de qué hacer con mi vida y una remota esperanza:
_La comunicación proveerá.

De los cincuenta compañeros sólo una persona me resultó familiar: una colega comunicóloga que conocía porque estaba casada con un compañero mío de la primaria, rancheamos juntos en los bancos del fondo. Ella tenía un conocido de la carrera: un tipo canoso, simpático, que sabía de literatura. Nos hicimos amigos. Resultó que era poeta. “Ah, poeta, mirá vos”, dije con el manto de desconfianza que todo narrador tiende sobre los cortadores de verso. Al poco tiempo Mauro cayó con un Ricardo Gravitando y me lo regaló. “Cagamos” dije yo. “Este puede ser el fin de una hermosa amistad”.
El título estaba en gerundio, lo que podía significar dos cosas: o Mauro Lo Coco era un genio de la literatura o era un boludo atómico. Pero lo editaba Del Dock, la misma editorial que había reeditado Crawl de Viel Témperley, eso me daba esperanzas.

Empecé a leer ese libro con sumo cuidado, pasaba las páginas con la delicadeza con la que se manipulan materiales explosivos. Era un poema narrativo, punto a favor, sobre un tal Ricardo Cambiasso, que cobra una indemnización y se contrata un tour por el campo. Había campo, pampa, piscas de gauchesca, un pato. me gustaba. Había un tal Beto, especie de Sai Baba telúrico. Los personajes hablaban raro, quiero decir, había un uso de la oralidad muy extaño, no era una recreación, llegabas a escuchar las voces, con el narrador, sucedía lo mismo, y además de pronto intercalaba reflexiones como “El pasto yo nunca pensé/ la fruición de comer lo mismo que estás pisando” o “por más alto que estés, el vértigo se cura con piso” y de repente pintaba la música, porque era un poema: “suena peludo el bombo legüero” o “La aprendí del tero. De la triste canción que pió poco antes que durmiéramos, y el sol se doblara en las trutrucas”. Pero la revelación me llegó sobre el final del libro. Cambiasso hace una excursión y se encuentra con un viejo que se llama Aughentaler y el viejo tiene un perro que se llama Caifás. Y el perro ladra que te ladra. Entonces, en el poema (cito): “Lo chirlaron y le hablaron bajo: déje joder.” Mauro no había escrito “Déje de joder” ni tampoco el “dialéctico” o “mimético” Déje e’ joder” con e y apóstrofe. Mauro había escrito Déje (con acento en la é) y al lado joder. Si se leía “literalmente” significaba lo contrario de lo que “quería decir”, el sentido del reto “deje joder”, en el que el “de” se disuelve en la sinalefa vocálica sólo emergía si la escritura se resolvía en la voz, o dicho de otra manera, la voz aparecía violando las normas de la escritura, utilizando su sentido a contrapelo. Después de leer eso ya no tuve más dudas. Estaba ante uno de esos milagros paganos que nos hacen renovar los votos con la literatura. Porque que de cincuenta personas en una maestría yo justo me viniera a hacer amigo de uno que escribe, vaya y pase, pero que ese tipo fuera un gran poeta y encima secreto. Bueno, pasa en las películas. Después por si quedaban dudas Mauro sacó el Niño cacharro, del que vamos a tardar veinte años en entender algo, si es que alguna vez entendemos, si es que hay algo para entender y que es como los libros de Libertella: un río de lenguaje en el que nadie se baña dos veces, misterio puro, invocación, que dice cosas como “Laotsé en el cuarto/Musa en la misión”. O “Ahora soy general? / ¿El partido es un plomazo?/ No más mochin/ Salame queso y golazo”. Aunque la última parte de Niño, titulada “Despostes”, más civilizada y amena, anuncia el tono de 18 éxitos, especialmente en poemas como “El coso nunca arrancó”, “Animales abandonados” o “Con chapas hacíamos cualquier cosa”. Con esto quiero decir, si vinieron por los 18 hits genial, pero si no tienen un Cacharro yo que ustedes me llevaría uno. Piensen lo que da la gente hoy por un original de El fiord, y en su época no sabían dónde metérselos.

A todo esto con Mauro tratábamos de llevar adelante una maestría, que en pocas palabras era como el regreso a la escuela primaria del protagonista de Ferdidurke: con maestros distraídos y tiránicos, compañeritos y compañeritas, recreos, etc. En las clases, para no aburrirse, Mauro hacía anagramas. En pocos meses había hecho los anagramas de los apellidos de los cincuenta compañeros y todos los profesores. Sus anagramas eran como una carta astral de la lengua: a un compañero muy crítico de todo que se apellidaba Linne, lo anagramizó Lenin. A nuestro profesor y después amigo Esteban Di Paola: Da Piola. En un seminario muy sesudo sobre Derrida, Mauro me pasó un papelito que decía: “Derridá, dos puntos, Da de reir”.

En el medio de todo esto yo empecé a organizar con un amigo y una editorial un ciclo de lecturas y para la primera fecha lo invité a Mauro. Lo que yo no sabía es que Mauro llevaba varios años sin escribir. Tampoco me lo dijo en ese momento, me lo contó mucho después. No sé si conocen la anécdota de Orson Welles. Welles necesita guita, está desesperado. Entonces levanta el tubo y llama a un productor de Hollywood y le dice que tiene un guión buenísimo, que si lo quiere comprar, y el producto le pregunta de qué se trata el guión, y Welles dice lo primero que se le cruza por la cabeza, y el productor pica y le pregunta más, quiere saber cómo sigue la historia, y Welles se la va inventando, en vivo, a medida que se la cuenta. No sé si esta historia es cierta, pero me encanta. La cosa es que Mauro trajo unos poemas que tenía escritos de hace tiempo y antes de leer dijo que formaban parte de un libro que estaba preparando y que se iba a llamar… 18 éxitos para el verano y leyó algunos de los poemas que están en el libro y el público estalló. Yo después le pedía esos poemas y otros, para tenerlos y él me decía, “bueno, sí, después te los paso, los estoy trabajando”.

Ayer, en la presentación que se cobró mi mochila, estaba Marcial Souto, que fue el primero que editó en Argentina a Mario Levrero. Apenas lo leyó, Souto se volvió loco e hizo de todo para difundir la obra de Levrero, pero nadie le daba bola. Ayer estaba sorprendido por la cantidad de gente que había y decía que Levrero tampoco lo habría creído, pero no tenía para nada ese tono de revancha, de “yo tenía razón, vieron”. Estaba contento, por supuesto, pero yo creo que, en algún punto recóndito le daba lo mismo que Levrero fuera reconocido o no, quiero decir, cuando uno la flashea con un autor, la flashea y punto, no necesita que venga el mundo a darle la razón. “Donde hay un lector, hay un mercado”, decía Libertella. Hace poco Mauro me dijo que Cecilia y yo lo convencimos de volver a escribir y yo dije, “bueno, ya está” con que diga esto en público –no hace falta, ya lo estoy diciendo yo– ya tengo garantizada mi nota al pie en la historia de la literatura. Pero por otra parte, tampoco hace falta esperar a la Historia, porque la emoción estética que me produce la lectura de los poemas de Mauro yo la tengo ahora mismo, sin mediaciones y me gustaría que a otros les pasara lo mismo, pero no para hacer prensa o proselitismo, en plan “El mundo se ha vuelto Lo Coco” sino del mismo modo en que les puedo desear que sean felices, o que tengan una experiencia trascendente. Ojalá a ustedes les pase lo mismo que me pasó a mí cuando leí los poemas de 18 éxitos, porque significan que les va a pasar algo en serio que, hoy por hoy, ya es mucho decir. Y ahora sí, voy al libro que me parece la mejor puerta de entrada a la obra de Lo Coco. El título está muy bien puesto, es como un greatest hits locoquiano, su libro más popular, fiel a los tiempos “Lo Coco para todos”. Para los que lo escucharon leer, acá están los poemas que han causado sensación en la platea y desmayos en la popular, como “El ruido de la heladera, ese verano” “oíme Noelia:” “1988, jueves santo” o “ariel tiene un ciclomotor”, pero hay otros, muchos por suerte, como “por ir desesperado” “absorto Alberto”, “se termina un cuatrimestre” “la costumbre de perder” que yo no conocía y que me volaron la peluca. En realidad los 41 poemas son hitazos. 18 éxitos es como esos recitales de Los Ramones, que nunca aflojan, nunca bajan, one two three four palo y a la bolsa y otra vez one two three four.

Traté de pensar por qué me gusta tanto la poesía de Mauro, en las razones del gusto. En primer lugar tendría que decir que, como todo gran invento, esta poesía es producto de un accidente. Mauro quería ser narrador y como parece que no se le daba, probó suerte con la poesía. Y digo, algo de esa codificación genética quedó, porque cada poema es como el germen de un relato: un cubito del iceberg. Es más, yo tengo la sospecha de que el último poema: puro flúo/rémix, que me atrevería a calificar como un relato en verso es la demostración de esta hipótesis, hagan la prueba, lean la primera estrofa, o las dos primeras y van a ver que tranquilamente podría cerrar ahí y ser uno más de los poemas del libro. Es como si, por una única vez, Mauro hubiera condescendido a pasar al acto la potencialidad del relato que se agazapa, embrionario, en cada uno de sus poemas. Incluso los de dos líneas. Primera clave, entonces: efecto iceberg elevado a la enésima potencia de la poesía.

Vamos por más, vamos por la ostranenie de Lo Coco. A mi me encanta ir a las lecturas de Mauro porque casi nadie lo conoce y no saben lo que se viene. Cuando empieza a leer todos se miran y un fantasma con forma de pregunta recurre el auditorio ¿Esto es poesía? Algunos no saben si se pueden reír, aunque les cause gracia, al final todos terminan cagándose de risa, pero algunos después por ahí se quedan pensando “¿era para reírse?”. Cuando vos te vas a ir de viaje a un país con costumbres muy distintas a las nuestras, como La India, por ejemplo, los que ya la visitaron suelen decirte “los primeros días no vas a entender un carajo y te vas a querer ir a la mierda, pero después la vas a flashear a colores y no te vas a querer ir más”. Yo creo que con los autores que proponen algo nuevo, algo distinto, pasa eso. Pienso que con la poesía de Mauro puede pasar eso, que al principio no entiendas bien de qué va la cosa, que te sientas perdido, pero que, cuando entres, ya no quieras volver a salir. En el sitio web de poesía argentina actual hay colgados algunos poemas de Mauro y el primer comentario un tal Sergio Osorio dice:
¿Esto es la poesía moderna o joven de Argentina? No puedo creer que estemos en una crísis así, de onda, eso ni siquiera tiene un sentido poético, ni rítmico. Sólo porque tiene cortes sintácticos y forma de verso eso es poesía? Que me lo expliquen!

Pero dos comentarios después La máquina de hacer cucuruchos le responde:
la maquina de hacer cucuruchos May 16th, 2012 9:45 am :
gran parte de la poesía es rodear lo que se quiere decir, cada uno lo rodea con lo que quiere, este tipo usa boludeces mal escritas, pero eso es la parte de afuera, adentro dice cosas muy profundas y emotivas.

Cuando Berni hace un collage con objetos que recogió en los basurales la basura deja de ser basura y se convierte en un cuadro de Berni. Mauro cartonea en el habla cotidiana y coloquial, en lo que se dice en forma automática, sin pensar, y lo coloca en el frame de un poema para volver a darle valor, para recargar esas voces vacías de sentido y ponerlas a hablar de “Los grandes temas”. Como dice Shklovski, el automatismo es muerte “si la vida compleja de tanta gente se desenvuelve inconscientemente, es como si esa vida no hubiese existido”, cuando hablamos sin pensar, estamos mudos, es trabajo del poeta devolvernos la palabra. Cuando Mauro Lo Coco habla de la muerte, repito Cuando Mauro Lo Coco habla de la muerte con un paquete de bizcochos para mí es como el Diego, haciendo jueguito con una pelotita de golf. Otra vez Shklovski, ya que estamos: “El mérito del estilo consiste en ubicar el máximo de pensamiento en un mínimo de palabras”. Mauro no necesita hacer ningún alarde, igual la mueve y cuando tiene que tirar la gambeta la tira, pero no para la tribuna, sino para el equipo, Pasarela, en función de crítico literario diría: “Lo Coco entiende el juego”. Si lo leen con atención van a encontrar todas las figuras retóricas, todos los tropos, todas las redes de rimas, están donde tienen que estar: al servicio del poema, jugando para el equipo.
Tercero y último: en la mayoría de los poemas de 18 éxitos hay escenas que son como anti-epifanías: revelaciones sobre la finitud de la vida o el fracaso inevitable de la existencia, como dice uno de los poemas “Si la vida fuera absurda, la pasaríamos mejor, pero no. No sé como será”. Pero estas antiepifanías están recubiertas de un humor que las hace tolerables, como la cápsula blanda de gelatina que recubre el amargor insoportable del remedio. Yo creo que el humor es la expresión más alta de la inteligencia, porque no sólo implica entender algo, sino ser capaz de desarmarlo y darlo vuelta, hasta hacerlo funcionar contra sí mismo. Algunos pueden pensar que la gente que tiene sentido del humor es optimista, feliz e incluso algo ingenua; yo creo que se trata de lo contrario, sólo desarrollan un agudo sentido del humor los sobrevivientes del desánimo, como un antídoto a la papusa del pesimismo.
Ya termino, traté de no citar fragmentos de los poemas para instar a Mauro a que lea la mayor cantidad posible de éxitos.
Hoy a la mañana me sonó el teléfono. Era el editor uruguayo de la antología de Levrero que se había llevado mi bolso por error y me llamaba para coordinar la entrega.
 Antes de devolvérmela, como en un aparte, deslizó:
_Che, que cosas más raras tenés adentro de esa mochila.

Ariel Idez

3 cortes de 18 éxitos para el verano

ponéle

si yo tengo una fiambrería
y estoy con el queso todo el día
comiendo queso cortando queso
esto es lo mismo

te echan te indemnizan
comprás un auto, lo ponés a remisear
al tiempo estás remiseando vos
¿qué vas a querer ir a la costa en coche?


el moco y alberto

seguridad rumiante entre los dedos
las yemas de alberto moldean una bolita
se detiene y la escruta:
asoma un pelo blanquísimo, lo observa
algo está pensando

es raro el mundo en la nariz


tuvimos un perro esas vacaciones

le pusimos colita pero
respondía cualquier apodo con tal de comer

4 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

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8/1/13 12:17  
Anonymous Anónimo dijo...

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29/3/13 23:20  
Anonymous Anónimo dijo...

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2/4/13 00:52  
Anonymous Anónimo dijo...

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10/4/13 04:00  

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