El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

10 junio, 2010

Hay cadáveres

2 de Febrero de 2006 – Borrador de respuesta a 2 Formas de leer de ZC

Fui, desde fines de mi pubertad hasta bien entrada mi juventud (es decir, durante toda mi adolescencia) un Lector Conquistador. Tras un período de indefinición bigámica, heme abocado a las transacciones que caracterizan al Lector Mercader. Así pues, puedo hablar con conocimiento de causa. Borges, como tantos otros (Sábato, por caso) solía encomiar la lectura por placer. Si no le gusta lo que está leyendo, déjelo. Es un buen consejo, por supuesto. Uno que caracteriza a la impronta mercantil que él preconizó, incluso cuando aunara esfuerzos por agotar la reserva de gestas medievales germánicas en oferta (presunta actividad conquistadora). Voy a ejercer aquí una módica defensa del ímpetu conquistador. El Conquistador topa a veces con libros en los que no halla la inmediatez de disfrute con las que se topara otrora. Otras, la lectura es un ejercicio de masoquismo. Está bien. Vale la pena, él, ella, lo sabe. No hay el placer que el tendero valora por sobre cualquier otro mérito. Sí hay, sin embargo, la satisfacción del deber cumplido, del estar más próximo al cubrir una zona, a tomar definitivamente una plaza, a comprender más acabadamente un cierto tipo de literatura, a agregar en su cuenta personal otro logro que a su vez arroja luz sobre logros (libros) pasados. Quizás no de con el placer que otros ven en ‘Almas Muertas’, de Gogol. Pero, tras su lectura, se ve más cerca de Dostoievski. Quizás crea que Schnitzler es un autor menor, pero ve cierta conexión entre este y Musil. Y Musil claramente no es menor. Podrá no siempre haber placer en el Conquistador. Pero hay placeres que el propio placer nunca disfrutará.

11 de Diciembre de 2007 – El momento justo

HAY LIBROS, DISCOS Y PELÍCULAS PARA DISTINTOS MOMENTOS. POR EJEMPLO: ANDREIEV, ONETTI, BERGMAN. ¿PARA QUÉ MOMENTO?

20 de Junio de 2008 – Intro lectura Hombres hombres y hombres

Voy a leer un post cuyo cadáver yace sepultado bajo meses y meses de archivos de otros posts igualmente difuntos, aunque más frescos. Si lo que se lea debe mantener, al menos, alguna relación relevante con el título de esta reunión, entiendo que este texto cumple esa condición con creces. Cumple demasiado bien. Habla demasiado obviamente de, desde y en medio de hombres. Varones, digo. En tanto parte constitutiva de un blog, este texto es clásico. Es convencional, digo, además de viejo. La opinión más firmemente establecida (o más sólidamente divulgada) hace de un blog estándar un artilugio confesional, terapéutico; un diario íntimo. A cuál de los tres referentes se parezca más el nene dependerá de qué interlocutor tenga en mente el autor: un cura, un analista, él mismo. Uno (y cuando diga uno debería más bien decir: yo), al escribir en un blog, tiene una imagen precisa del lector deseado: un lector cualquiera. Un lector numeroso, un lector que sea multitudes. Uno quiere que lo lean. Solo quiero que me lean. Que me lean mucho, que me lean adictivamente. Uno quiere saber que lo leen, pero usualmente basta con que se crea que se lo lee. Si además se está razonablemente deformado por la razón cuantitativa, leerá el número de lectores y el entusiasmo generado por el número de comentarios. Y como se querrá muchos comentarios, se optará por los tópicos, para servirnos del mote empleado por Natalia Moret, ‘hiteros’. El texto que voy a leer es hitero, es decir: pretende serlo.
Confesional, dije. La catarata de confesiones insta, aún a los espíritus más pertinazmente obtusos, a la reflexión. A la reflexión sobre las confesiones propias, también conocida como ‘autorreflexión’. Quién se es, qué se quiere, por qué se lo quiere, cuánto se puede, cómo se puede, cómo se quiere lo que se puede querer que se sea. El tema de la identidad personal es abordado, conquistado y arrollado. Lo difícil es sacárselo de encima. Tiendo a creer que, en verdad, es más que arduo soslayarlo. Así que ahí está uno, bloguero viejo, lidiando con este lugar común de la filosofía occidental. Parece más o menos natural pensarse desde el sexo; acaso lo sea un poco menos hacerlo desde el género. No para nosotros, hijos de esta cultura que ingerimos, procesamos y expulsamos, pero siempre reproducimos. Así que macho, dijo la partera. Macho, qué se le va a hacer. Hay múltiples formas de posicionarse con respecto a quién sea uno. Se puede elegir hacer foco en quién se quiere ser o en quién se es. Estas medidas suelen ser obviamente deficientes. La primera favorece la inacción, pues el ideal es difícilmente alcanzable, más bien imposible. La última es más ahorrativa: parte y concluye del status quo, del regodeo pretendidamente satisfecho en lo que se es. Nadie está tan contento con quien es. Prefiero hacer foco en una versión ligeramente mejorada de quien soy, en todo momento. Y soy, entre otras cosas, un macho sensible. Podría haber elegido otros trajes. Mi amigo Nacho, aquí presente, se piensa como ‘un Don Juan ético’. (No sé qué significa esto. Pero acá lo tienen, pueden preguntarle.) Un macho sensible es un Coco Basile que gusta de los documentales de Herzog. Es la Hiena Barrios que llora con las páginas finales de ‘Los Miserables’. Es un Puma entonando con lágrimas en los ojos un tema de Erasure.
Esto que voy a leer es eso, y está escrito por uno como esos. Que les sea leve.

Matías Pailos

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5 Comentarios:

Blogger Estrella dijo...

Al macho sensible, de esta lectora del montón: siempre es un gusto leerte.

10/6/10 13:58  
Anonymous MP dijo...

gracias Estrella. Estamos rascando el fondo del tarro. Se nos acaban las ideas.

10/6/10 14:16  
Anonymous Ariel dijo...

Las ideas no se acaban, sólo se transforman...
Sabrosas sobras

11/6/10 09:24  
Anonymous Nacho dijo...

"Parece más o menos natural pensarse desde el sexo; acaso lo sea un poco menos hacerlo desde el género"

Gran frase, digna de un filósofo de género como Ud. FP.

Abrazo

15/6/10 19:48  
Anonymous MP dijo...

Para género-sensitivo, yo, papá.

17/6/10 18:25  

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