El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

09 septiembre, 2006

Echarse a menos

Yo (ustedes lo saben) soy un boludo. Me emociono con cada cosa, miren, que a veces hasta creo que me doy asco. Pero no: soy bastante escatológico (así que no me doy asco nada). Los motivos por los que soy un boludo son legión. Acotemos su universo de modo tal de dar, ya fatigados, con el tema acerca del que hoy disertaré, cuyo título es, verbigracia, el arriba mencionado.
Érase una vez un tipo que se creía recio. Érase una vez un tipo que se quería escritor sentado, apoltronado, más bien hundido en un sillón de un segundo piso frente a su televisión. Érase una vez un teleespectador mirando con menos desgano del que querría una superproducción de mala muerte de los estudios de Hollywood. La película pavoneaba el poco tentador alias de ‘Una mente brillante’. El teleespectador, vuesa merced quien esto garrapatea (yo mismo, es decir), había agarrado el film por la mitad, más bien para el final. Pero, entre la tonelada de información suministrada por la película a cada minuto y lo que el teleespectador de quien hablamos ya sabía de las críticas que de la película formularon los medios masivos de comunicación, el teleespectador pudo comprender, grosso modo, de qué la iba: un matemático genial, algo paranoico, bastante psicótico, años después de haber comprendido que buena parte de su vida había sido fruto de su imaginación, ya viejo, haciendo penosamente equilibrio para mantener la cordura, su trabajo y su mujer. El matemático, anciano (espero que haya quedado claro) acaba de terminar su clase en alguna Universidad de elite de la elite (Oxford, pongamos) y descubre, oh sorpresa, que un individuo algunos años menor que él lo espera. El matemático desconoce quién sea este individuo. El matemático, interceptado por este individuo, decide interpelarlo: dónde trabaja, dónde vive, usted quién es. Descubre que es parte de la comisión que infringe premios Nobel. Quiere saber algo, y el propio matemático se encarga de decir(nos)lo: quiere saber cuán loco está. El matemático aclara: estoy lo suficientemente loco como para echar todo a perder. Todavía tengo visiones, dice. (‘Todavía veo cosas que no están ahí’, creo que afirma.) Llegan a un gran salón, aparentemente solo asequible a personalidades eméritas. El matemático se muestra reacio a entrar. Lo convencen y se sientan. Incómodo y nostálgico, se siente raro. Se siente observado. Se siente menos. Recordemos: es un matemático genial. Eso implica que es más que muchos, quizás más que todo el resto del personal docente allí reunido, que a su vez es mucho más que el resto del personal docente del mundo. Y el matemático se siente menos. Quizás se sienta juzgado y condenado en cada mirada, en la suma de ellas. Una mano se acerca. Deja su lapicera en la mesa del matemático. Otra mano se acerca. Repite el gesto. Decenas de otras manos hacen lo mismo. Comprendemos que estamos frente a una ofrenda, una reverencia colectiva. La Universidad le rinde Honores al Matemático. La Ciencia se pone de Rodillas frente a Él. Él mira, avergonzado, agradecido. Yo me largo a llorar.
Probé verla una segunda vez. Él mira, agradecido, avergonzado. Corren mis lágrimas.
Probé una tercera vez. Una cuarta vez. Una quinta, una décima vez. Cada vez, siempre, fluyeron mis lágrimas.
¿Qué había ahí? ¿Qué, que provocaba mi quiebre, que me hacia temblar con la facha en las manos?

Calamaro está de vuelta. Calamaro está vivo, y el rock en su conjunto le rinde pleitesía. Y está bien. Calamaro es parte del panteón. Con Spinetta, con García. Con Prodan, con Pappo, con Cerati. Con Paez, con Moura y Solari. Quedémonos acá. Calamaro reaparece, el Indio reconoce los méritos musicales y letrísticos de Andrés, habla bien y muy bien de él. Antes o después, Andrés declara. ¿Qué declara? ‘Sería un honor para mí ser el tecladista de la banda del Indio’. La declaración traspasa mis auriculares, y del cerebro se trasmite a la columna vertebral. Los pelos de punta. Freno en seco. Mi garganta tiembla. Mi pecho tiembla. Estoy llorando. ¿Por qué?

Tengo una explicación muy berreta. Tengo el esquema general, menos, el boceto de un inicio de elucidación. Esos tipos, el matemático Nash y el músico Andrés, están por arriba y muy por arriba de esa vergüenza y esa declaración. Ellos no lo creen así, y es evidente que es así. Ellos no lo creen. Ellos no lo sienten. Son sinceros. (Quizás a esto se deba que cada declaración de Dolina en la que se tilda de estúpido no me mueve ni un pelo.) ¿Y? ¿La explicación? ¿Qué hay de conmovedor ahí? En todo caso: ¿por qué conmoverse ahí y no en otros lados, donde la mayoría suele hacerlo? No lo sé, no lo sé. Tampoco es que preconice el comportamiento Nash-Calamaro. De hecho creo que no hay que dar por uno menos de lo que un vale. De tener que apostar por algo diferente a los reales méritos propios, más bien sospecho conveniente sostener que uno está por sobre ellos. No lo sé, no lo sé.
Solo quiero escuchar a Andrés, solo quiero ver a Nash. Y llorar.

Matías Pailos

14 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Para que no se sienta solo: también se me piantó un lagrimón en esa escena de Nash. En mi caso, creo que siempre me conmueve el respeto, la admiración y el agradecimiento de los pares. Un abrazo, Cobiñas

10/9/06 17:08  
Anonymous Matías Pailos dijo...

gracias por el acompañamiento. Y la iluminación.

10/9/06 19:37  
Blogger Playmobil Hipotético dijo...

es que un matemático hace ciencia de verdad, no como nosotros; y si bien no tengo tanta idolatría por calamaro, comprendo lo que dice; porque calamaro y nash comparten lo que todo idolo debe compartir; el camino del heroe, el sendero donde parece que se muere pero sin emarbgo vuelve (aclaracion: calamaro gordo y nash romanticon). Y lo que nos gusta, en el fondo, es eso, que no nos defrauden nuestros heroes

10/9/06 22:15  
Anonymous Matías Pailos dijo...

Entiendo que la senda del perdedor todavía despide un aroma seductor para nosotros. No me parece mal, mientras logremos recluir el embeleque en los confines estéticos (y no lo hagamos un ideal de vida).
Los matemáticos hacen ciencia formal, que se parece más a lo que hacen los lógicos que a lo que hace un biólogo. Y un lógico(permítame) se parece más a un filósofo (mejor: un lógico ES un filósofo) que a un biólogo. (PH: no se deje intimidar por la ciencia. Hágalo aunque más no sea por un espíritu sindical: cuánto más cunda esa tesis que usted defiende, menos plata nos destinarán.)

11/9/06 14:03  
Anonymous p. de pau dijo...

Entiendo esa sensación de llorar en la escena "equivocada", es usual en mí, y es muy dificil explicarle al que está al lado de uno viendo lo mismo.
(la mayoría de las veces no me tomo el trabajo de verlas de nuevo para decodificar que me pasó, creo que es miedo).

Está muy bien tu respuesta a P.H.

saludos.

11/9/06 14:48  
Anonymous Matías Pailos dijo...

no sólo llorar en la escena equivocada, sino además ni siquiera conmoverse con lo que emociona al resto. ¿Hemos vivido equivocados? Claro que no.
Yo también creo que mi respuesta a PH está bien. (No ocurre lo mismo con los pruritos exhibidos frente a la denominada 'senda del perdedor', en la cuál puede, por caso, leerse 'embeleque'(!) donde debió haberse inscripto 'embelecos'.)

12/9/06 01:38  
Anonymous Anónimo dijo...

Muchas veces uno se echa a menos pero no se siente, en realidad, menos. Y, sin embargo, no se echa a menos para que le digan lo contrario: cree que está bien echarse a menos, porque en algún sentido, uno sí piensa que es menos, uno lo cree verdaderamente, pero... de todas formas, no lo siente.
No me explico para nada ¿no? Uno cree que es menos y no cree que sea menos. Y sí: lo cree al mismo tiempo y, en algún sentido difuso, con respecto a lo mismo.
(Los que nunca hayan sentido esto, no comprenderán para nada. Me sentiría bien si alguien lo sintió además de mí).

12/9/06 17:24  
Blogger istu dijo...

De alguna manera, ambos se reencuentran con la vida pequeña de los pequeños reconocimientos, que habían perdido.
Se me ocurren dos casos que no conmoverían a nadie: Heidegger y Charly. Ambos son convencidos de su grandeza, e incuestionados (espero que un lógico lo reconozca, aunque pueda no estar de acuerdo, y que perdone mis prejuicios si lo son). Si a H le hubieran dado un premio en el MIT, lo hubiera rechazado, por ejemplo. Ninguna reconciliación es posible,

12/9/06 23:03  
Blogger istu dijo...

De alguna manera, ambos se reencuentran con la vida pequeña de los pequeños reconocimientos, que habían perdido.
Se me ocurren dos casos que no conmoverían a nadie: Heidegger y Charly. Ambos son convencidos de su grandeza, e incuestionados (espero que un lógico lo reconozca, aunque pueda no estar de acuerdo, y que perdone mis prejuicios si lo son). Si a H le hubieran dado un premio en el MIT, lo hubiera rechazado, por ejemplo. Ninguna reconciliación es posible,

12/9/06 23:20  
Anonymous Zedi Cioso dijo...

¡Lo que son las cosas! Pailos se lamenta por emocionarse en "la escena equivocada" y yo me echo a menos y me llamo bobalicón por sentir un frío en el espinazo hasta con las publicidades boludas donde música, imagen y relato están matemáticamente calculados para producir emoción. Ojalá me emocionara por un 152 que pasa por AV. Sta Fe, o por el ocaso de Parque Centenario o por el pibe que trae la pizza el domingo con lluvia.
Afortunado Pailos, la emoción lo acecha a la vuelta de todas las esquinas. Sufra menos y disfrute más.

13/9/06 00:44  
Anonymous Zedi-Cioso dijo...

Y si yo fuera como ud. tal vez me emocionaría con ese tema de El Salmón que dice "Puede/que consiga/ Olvidar" donde Calamaro canta igual al Indio Solari, y en la versión de "El Salmón" con la que el Indio le devuelve gentilezas.

13/9/06 00:46  
Anonymous Matías Pailos dijo...

Todavía recuerdo el momento en que escuché la versión del Indio de 'El Salmón' como uno de aquellos momentos en los que los dioses nos acarician la mejilla, al tiempo que nos ofertan algo de néctar, un poco de ambrosía.
Usuario anónimo: yo me he sentido así muchas veces. Todo el tiempo.
Istu: no sé lo que sentirán los lógicos. Sospecho, de todas formas, que usted me cataloga como tal, lo que no me ofende y sí me halaga. (No lo soy, sin embargo.) Pero algunos lógicos sí reconocen el mérito de Heidegger. (Otros no. Carnap no. Pero Carnap era, a sabiendas, poco caritativo con el hijo de puta de Heidegger.)

A todos: basta de pensar que me la paso sufriendo porque digo que algunas cosas me emocionan. Sáquense la careta y reconozcan que ustedes no son tan diferentes.

13/9/06 03:24  
Anonymous ER dijo...

pailos, por qué sos tan judaico?

13/9/06 22:42  
Anonymous Matías Pailovsky dijo...

bueno, es un esfuerzo sostenido por años. Me alegra que alguien por fin lo haya notado. (A ver si la DAIA hace algo al respecto. Quiero mi título honoris causa.)

14/9/06 01:11  

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