El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

Mi foto
Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

06 diciembre, 2009

En la falda del periodismo

Estoy en las antípodas del periodismo. Carezco de toda curiosidad. También del impulso necesario para evacuar las dudas esenciales, despejar empíricamente las incógnitas y llegar a alguna verdad interesante sobre cualquier tema. Por eso en algún momento pensé empezar poniendo “No sé por qué acepté”, lo que inmediatamente descarté por puro rechazo al formulismo (si reparo en él) y porque, bueno: tampoco era verdad. Tampoco siento la inclinación que parece sano tener por la mentira, así que cada una de las muchas veces que miento, lo hago a disgusto.

Te voy a hacer un encargo, dijo. Qué carajo querrá, pensé. Hotel Edén, dijo. Un hotel en ruinas en el medio de La Falda construido con capitales nazis.

No suena mal. Lo nazi garpa, no hay caso. Acá en general se aprovecha el pie para especular acerca del atractivo del mal. Pero no me gustan las teorías. Simplemente fui a La Falda a aportar mi granito de arena en el rejunte anual de teóricos de la ciencia y disciplinas afines –otro Congreso de Filósofos- y, de yapa, dar curso al encargo.

Llegué mal dormido y, después de escuchar una ponencia (los teóricos no exponen: la ponen) poco antes de mediodía, me zambullí en un taxi y al Hotel.

Que es poco más que un montón de ruinas.

Bueno: estoy siendo un tanto injusto. Las rejas de la entrada, el enorme jardín que la separa del hotel propiamente dicho, esos dos leones esculpidos y la fuente de mármol de Carrara, como oportunamente se encargarán de señalarnos, remarcarnos y machacarnos, da una sensación de… ¿qué? ¿Grandeza perdida? ¿Lujo asiático? ¿Derroche de clase acomodada? Digamos que de grandeza perdida de clase acomodada que derrochaba la plusvalía acumulada en lujo asiático. El hotel es enorme. Soy malo para los cálculos, pero… serán cincuenta, cien metros de fachada por otros tantos de fondo. Yo también voy a insistir: la primera impresión es de un montón de ruinas pintarrajeadas, restauradas por un jardín de infantes. Me señalan un salón con pantalla de fondo. Proyectan un documental. No estoy solo. Me acompaña una pareja gey. O dos amigos. O padre e hijo. Uno viejo; el otro, pelado. Nos morfamos el documental. Interesante. Nos morfamos la recorrida y las explicaciones: no, no fue construido con capitales nazis. El problema de este hotel –el loteo de cuyas tierras dio como resultado el nacimiento de una coqueta ciudad hoy llamada “La Falda" - es que no está completamente en ruinas ni completamente restaurado, comienzo a pensar a la mitad del recorrido, cuando se nos suma la vieja molesta y yo empiezo a pensar si realmente quiero seguir acá. Quién me manda, quiero pensar. Mejor no: tengo respuesta para esa. Detesto el periodismo de investigación. Bueno, pero los artículos de Wallace… la vieja se pone pesada. Que qué, que cómo, que cuándo. Que si los nazis. Que si el puto mármol de Carrara. Hubiera llegado temprano, señora. Después vaya a ver la película y dejenos de romper. Lo de Wallace es por el estilo, podría decir. Pero no me tengo que mentir siempre. Wallace lee todo lo que fue escrito sobre el tema –sobre cualquier tema-, presenta los dilemas básicos, las posiciones troncales y los datos escabrosos. El periodismo de investigación, en cambio… la vieja se pone más pesada. Como si fuera posible. La vieja acosa a la troupe. La vieja piropea al viejo. La vieja toquetea al pelado. Vos no hablás mucho, ¿no? Miro al resto. El resto me mira. Todos, menos la vieja, miramos unas maderas carcomidas que rodean a un agujero que comunica el segundo piso con la planta baja. Miramos a la guía solicitando autorización. ¿Entonces la diferencia entre Wallace y el periodismo de investigación es una cuestión de grado? Porque el periodismo en cuestión, si es bueno, hace o debería hacer exactamente eso. ¿Soy culpable de una falta (: de curiosidad)? ¿Debo hacer algo para remediarlo? Rodeamos a la vieja, que tiene la vista las sierras y las manos aferrando el marco de una ventana tan efectiva como un pozo. Una preguntita, dice, con su tonito insidioso.

Matías Pailos

Etiquetas:

4 Comentarios:

Anonymous Ariel Idez dijo...

Bueno, estamos casi ante la fundación de un nuevo subgénero: la contracrónica o la crónica contra natura.

DFW hubiese leído la novela de Gusmán "Hotel Eden" que no, nada que ver con el tema.

DFW hubiese mencionado que el dueño del hotel era aficionado a la magia negra y puso plata para la campaña de un candidato que prometía allá por los años 30', un tal Adolfito.

Y, sí, sacrifiquen a la vieja sobre los mármoles de carrara.

7/12/09 10:33  
Blogger Hipotermia dijo...

Yo pensé que era el gordo wallace de masacre ... Cuánto aprendo leyéndolos!

8/12/09 02:06  
Anonymous MP dijo...

Ariel: DFW hubiera hecho exactamente eso. Y algunas cosas más. (Observo un grado acrítico de fanatismo. Me propongo no hablar del tipo los siguientes seis meses.)

Por favor, Hipo, cuánta incultura. El gordo se llama 'Walas' -pero también es un genio.

8/12/09 15:22  
Blogger e. r. dijo...

DFW y todo, no hubiera sabido qué hacer con la vieja, y Pailós sí. Así que el hotel al carajo, y le periodismo y todo eso. Lo importante son los nazis, o no? Y era nazi la vieja? al parecer hay un poco de curiosidad por estos lares...

9/12/09 21:16  

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal