El Nestornauta

Me mató.
Así dicen los pibes:
—No, me mató, hermano.
Yo venía caminando por las calles de mi barrio la semana pasada y empecé a ver los afiches. Convocaban a un acto partidario con una suerte de verso encabalgado: Néstor le habla a La Juventud le habla a Néstor. La serie de afiches mostraban un Néstor blanco y negro sepia militante, un Néstor en colores Warhol pop; nada del otro mundo pero entonces vi algo que me hizo detener la marcha. Salvo Juan, Juan Salvo. El personaje del Eternauta saliendo con su traje de buzo remendado y su fusil de matagatos a la nevada mortal salvo, Juan, que dentro de la luneta, salvo que no estaba, estaba la cara de Néstor. Néstor. Néstor.
El Nestornauta.
Y me hizo un ‘click’ en la cabeza y supe que ya está, que ya estaba, que esa historia siempre tan afín a la mística peronista, empezando por esa reunión de amigos proféticamente tan cercana a la reunión de los perejiles (en la misma zona norte) que levantan y fusilan los esbirros de Aramburu, pasando por la resistencia y llegando hasta los cuadros de Santoro en los que los copos de nieve hacen las veces de bombas sobre la Plaza de mayo en el ‘55. Todo, todo ese coqueteo había quedado finalmente abrochado. Se termina de saber lo que ya se sabía:
El eternauta es peronista.
Yo sé que muchos pondrán el grito en el cielo de las viñetas pero igual me sorprendió que un ex presidente pudiera calzarse el sayo de superhéroe nacional y popular, que su imagen soporte esa osadía juvenil de cruzar al hombre en vida con el mito del imaginario. Y, como para sumarle más suspenso a la historieta, tres días antes del acto, en plena avanzada sobre el Capitán Magnetto (no, si parece joda) nuestro héroe sufre por su corazón débil y le tienen que implantar una serie de artilugios tencno-biológicos para destaparle la manguera de nafta y ahora se asemeja más a Iron Man o el Hombre Nuclear que a nuestro Salvo y la prensa (¿alguien advirtió que en las historietas la prensa suele ser enemiga de los super-héroes, difamándolos o buscando a toda costa revelar su identidad secreta?) conjetura y se relame sobre la salud del ex mandatario.
Pero el lector ya se acostumbró a leer en las portadas menos las noticias que las expresiones de deseos de grupos económicos con sus intereses bajo amenaza.
Kirchner está a Salvo.
Eso dice, “el parte oficial”.
Protegido por el traje, embutido en la escafandra, alimentado por la pila atómica, va a levantarse y andar hasta el Luna Park, pero, mutatis mutandis, va a ser su mujer la que tome la palabra. Ahora ¿Será Néstor el que llore sobre la hombrera de tu tailleur si su salud lo obliga a un “renunciamiento histórico”? La Argentina es el país de la representación.
El Kirchnerismo es un movimiento no apto para iconoclastas.
Hoy, martes 14 de septiembre, es el día del boxeador. Se celebra por aquella mítica pelea en la que Luis Ángel Firpo sacó al campeón del mundo, Jack Dempsey, afuera del ring de una trompada. Pero el capitalismo foráneo no quería campeones sudamericanos, así que veinte segundos después Dempsey volvió al ring y liquidó el combate. En el día del boxeador, Néstor se presenta en el Luna Park para seguir dando pelea.
Son las seis de la tarde y desde la estación Alem ya se escuchan los bombos. Al asomarme por la boca veo una escena que parece montada por Leonardo Favio para su próxima película: bombos, banderas y militantes se agolpan en la puerta del Luna. Detrás, en los edificios de Puerto Madero, alguien descorre una cortina y atisba la escena. A un costado, un puesto vende hamburguesas y choripanes libres de grasas trans versales. Veo llegar por Bouchard la columna de los Putos Peronistas: “Tortas, Trans, Travestis y Putos del Pueblo”. Frente al Luna, el puesto de la agrupación virtual “Negros de Mierda” ha agotado su stock de remeras “a voluntad” con las siglas NDM. El peronismo es también esa máquina de resignficar que transmuta el vituperio en seña identitaria. En la boletería hace un par de horas han colgado el cartel de “Sold out”, algo que ya desearían Marco Antonio Solís o Andres Ciro, estrellas próximas a actuar sobre las tablas del mismo escenario.
Para los que nos quedamos afuera hay pantalla gigante, pingüino gigante y aplausos que pide un pibe en el escenario, desde adentro, para los que nos quedamos afuera. “Hoy desbordamos el Luna, compañeros”, arenga el imberbe y en tren de palmas pide aplausos para las compañeras Florencia Peña y Andrea del Boca y Esther Goris, que dejó los ovnis Puntanos por los jóvenes del Luna. En la esquina de Madero y Bouchard, Sandra Russo hace face y espía la llegada de la columna de 6, 7, 8, facebook demorada en alguna caída del sistema. Unos muchachos de Mario Ishi con camperas verdes y siglas de JP parecen los secuaces del Acertijo mientras suena “Juguetes perdidos” y los militantes de la corriente popular Cooke agitan como locos sus banderas rojas banderas negras. La nueva trova es el viejo rock.
A eso de las seis y media la pantalla gigante comienza a emitir un video institucional con los Greatest Hits kirchneristas: de la recuperación de los fondos de los trabajadores al Fútbol para todos, pasando por la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Servicios Audiovisuales y el Matrimonio Igualitario. Los tiempos cambian: la jotapé se codea con la juventud sindical, los “fierros” son “mediáticos”: facebook, twitter y blogs, la bandera de la FAP no representa a las Fuerzas Armadas Peronistas de antaño, sino al nuevo Frente Amplio Peronista. A lo lejos finalmente se ve llegar por Bouchard la columna de 6,7,8, facebook, su bandera se bambolea a un costado y a otro, no sé por qué me recuerdan esa publicidad de bizcochuelos exquisita: una militancia de repostería. Apenas termina el video en la pantalla aparecen Néstor y Cristina y hay ovación en la calle. “Llora la gorda Carrió/Y el Colorado, también/Néstor va a volver/Con la jotapé” canta la hinchada y a la primera mención del matutino de la trompeta: “Tomala vos, dámela a mí/el que no salta es de Clarín”. Lito Vitale marca los acordes un tanto edulcorados de ese himno con el que, desde nuestra más tierna infancia, nos acostumbramos a no pedir menos que laureles eternos o muerte gloriosa. Juan Cabandié, para no ser menos, promete acompañar “hasta el cementerio” el proyecto kirchnerista, Andrés Larroque, más pícaro, alude a la movilización estudiantil y le pega a Macri: “Suerte que los estudiantes secundarios no se formaron en política a los 40 años con un padre millonario”. Pero se envalentona y hay que ver la cara que pone Néstor cuando el dirigente de La Cámpora dice que la Juventud Peronista de la provincia le va a dar dolores de cabeza a los intendentes del Conurbano.
Finalmente Cristina se sube al escenario y da su discurso. Ella, que fue joven, ahora es “bancada” por una nueva juventud, paradójicamente, vino a decir que la revolución de hoy sería recuperar el status quo de ayer, aquel cincuenta y cincuenta entre trabajadores y empresarios cuando justamente los jóvenes creyeron que estaban dadas las condiciones para la revolución. Cristina habla custodiada por los dos Néstor. El Nestornauta de la gigantografía azul a sus espaldas y el Néstor hombre, convaleciente en el palco. Pero inteligentemente obvia mencionarlo, no sólo porque su presencia física ya es mensaje suficiente sino además porque ojalá parece que aprendimos que atar el destino de un proyecto político a la salud de un cuerpo es condenarlo al fracaso.
El héroe es colectivo.
El héroe somos todos, afuera, en la calle, agitando y gritando.
O no es nadie.
Esa es la lección del Eternauta.
Continuará.
Ariel Idez




Caballero de la Muerte (padre)