El Mate Tuerto

"Se fingirá el saber que no se tiene."

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Nombre: El Mate Tuerto
Ubicación: Argentina

13 abril, 2009

Buscador

¿Qué estoy buscando? Busco una pareja. Formal. Sustantiva. Una novia. Alguien que tenga proyectos. Para formar una familia. Me gustaría que cocine y lave. Y si no quiere. Cocino y lavo yo. Busco al amor de mi vida, por supuesto. El complemento. La media naranja. Busco alguien con quien compartir el resto de mi vida. Para siempre. Para siempre. Quiero compromiso. Mucho compromiso. Alguien que me entienda. Que me comprenda. Que me quiera. Quiero amor. Quiero enamórame y que vos te enamores de mi. Conocer a tu vieja. También una invitación. A comer asado. A comer fideos con tu familia. Ser el objeto de desprecio de tu viejo y tu hermano. Que me pregunten de qué trabajo y cuáles son mis intenciones. “Hacer feliz a su hija, señor”. “¿Sólo con canciones?”. “Con éste corazón”. Quiero hacerte el amor. Que acabemos juntos. Fundirme. Ser uno. Ser completo. La completitud. La felicidad. Tener una familia. Ser un buen padre. Sé que voy a ser un buen padre. Un buen esposo y un buen marido. En la salud y en la enfermedad. En las buenas y en las malas. Tirar juntos del carro. Conocerte y que confíes en mí. Planear la fiesta de boda, donde quieras. En el campo de tu tío. O en un pelotero en San Martín. No me importa. Comprar un departamento y ponerlo a tu nombre. Tener un perro. Tener un gato. Tener un perro y un gato. Que el nene se llame Tomás. Y la nena Laura… No te vayas. ¿Por qué te vas? ¿Fue algo que dije? Sí, te entiendo, la segunda salida. Pero yo ya no estoy para dar vueltas. Voy a cumplir 30 en noviembre. La culpa es de la época. La posmodernidad. La puta posmodernidad. Hace a la mayoría de los hombres unos histéricos y unos fóbicos. No, no quiero que te vayas. ¿Te estoy asustando? Pensé que teníamos confianza. Disculpame. No te quise espantar. ¿Tan malo fue? ¿No me digas que fue para tanto? Sí, voy a terapia. Catorce años. Lacaniana. ¿Mucho? Le doy un año más. Si no funciona, me voy a Lourdes. Un chiste. Sí, Woody Allen. Nunca pisaría un analista.

Nacho

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06 abril, 2009

Permítanme explicarles...

La cosa es que me aburre. La cosa, más bien, es que me hincha las pelotas.
La cosa es que prefiero no pensar en todos los que están peor que yo. La cosa es que prefiero no pensar en lo que podría hacer, en el tiempo insignificante que podría dedicarle a una causa social –a cualquier causa social- para que alguna fracción de todos ellos estuviera un algo mejor.
La cosa es que preferiría que no existieran, así no tendría que destinar el tiempo más insignificante en pensar en todos ellos, en lo que me molestan, en lo que podría hacer para ayudar a remediarlo.
La cosa es que con no verlos me basta. ¿No podrían retirarse de mi presencia?
La cosa es que la cosa no es así, una vez que pienso-dos-segundos en el tema. Pero eso otro impulso, el negador y egoísta, existe –y pisa fuerte, qué duda cabe.
Será que en fondo, como vuelta a vuelta me recuerda mi colega Ariel Idez, soy un irredento egoísta de mierda.
La pregunta es: ¿estoy justificado? La respuesta es… ¿les dije que prefiero no pensarlo?
La respuesta es que no. Dispongo de tiempo, y el eventual perjuicio personal es ínfimo –en términos absolutos. Si el patrón es relativo –donde el otro término es el hipotético beneficio de los destinatarios de mi accionar-, ni hablar.
Mis amigos, encima, no ayudan. ¿Qué digo? ¡Todos ayudan! Nadie hace nada, así que estamos en igualdad de condiciones. Salvo el turro de Hernán, un recordatorio ambulante de que alguien como yo (y, en algún sentido, en peores condiciones que yo) puede trabajar teniendo en mientes a otros que están peor que uno. Para peor, cada vez que me lo cruzo está pensando como hacer más, cómo hacer mejor, cómo comprometerse aún más profundamente. Con decirles que la última vez que lo vi estaba pensando en afiliarse…
Lo bueno es que lo veo poco.
La cosa es que no voy a hacer nada.
La cosa es que no voy a modificar un ápice mi situación presente. Tampoco está en mis planes pensar seriamente en modificarla a futuro.
Dispongo de algunas excusas razonables (“voto bien”, “vuelco en la educación pública la educación pública recibida”). Pero tampoco pienso mucho en el tema, porque las razones para que las excusas abandonen la pátina de razonabilidad están prestas a saltar a la cancha.
Acaso esas excusas razonables sean, de hecho, buenas razones. No importa. Lo que importa es lo que prefiero no decir: que no alcanza.
En el fondo, ese inveterado egoísmo es sólido como el núcleo más duro del más duro de los núcleos de los programas de investigación lakatosianos. Es duro como todo aquello que está y en lo que no se repara. Es duro e inhallable. Es inconmovible e imperturbable. En el fondo, solo estoy jugando a sugerir que lo estoy poniendo en duda mientras digo que nunca lo voy a poner en duda.
Porque hay una vida y ninguna voluntad y todas las ganas de pasarla todo lo bien que pueda, pero mejor: de realizar tan profundamente y ampliamente todos y cada uno de mis deseos y ¡el tiempo es tan poco, mierda! que no, no, no: no quiero gastarlo en nadie más que en mí.
Algo de eso. Entre la mala fe y la razonabilidad, con algo de culpa. Entre la racionalidad y el cinismo.

Matías Pailos

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