ESO
Ahí está, ahí descorren el telón y ahí aparece. Ni jóven ni viejo. Exótico. Incomprensible. Magnético e hipnótico. El hombre del momento. El hombre-insignia. La voz de una generación. Alguien con un mensaje. Un mensaje ilegible. Un mensaje en otro idioma. Uno que nadie entiende. El hombre del que todos se preguntan si entiende. Si sabe que es él. Si sabe que es hipnótico y magnético e incomprensible. El hombre del que algunos se preguntan si tiene en verdad un mensaje para dar.
Su nombre no exime de comentarios. Más bien los aglomera. De pie frente al micrófono, parece que no sabe qué hacer con las manos. Acaso si se sacara esa capucha todo andaría mejor. Pero claro: acaso si se hubiera sacado la capucha no estaría ahora ahí, frente al micrófono, abriendo las manos en clara alusión a Cristo en la cruz antes de desmayarse, a punto de entrar en la eternidad de la fama que lo condujo por los libros y los alientos hasta esta mención rockera y posmoderna de fin de década de la que solo se rescata su aspecto icónico y abre las manos. Despliega los dedos. Afila y apunta. Tensa y espera. Ya acude. Solo un poco más de silencio. Un poco más. Un poco más. Ahora. Ahora. Ahora. Los veinte mil bípedos implumes que pueblan el aforo en el cruce de la calle 33 y la 7ª Avenida se agitan, se contorsionan, abren la boca y se inicia la exhalación que segundos más tarde (ahora) será (es) el griterío que asola al fantasma que recorre este mundo: los medios. Patrick Fernandes está en cada casa, en cada calle, a cada segundo. Y algunos se preguntan por qué.
La música. Y un escalón debajo, la rara fascinación que ejerce la capucha, o lo que hay detrás. Y a propósito: ¿qué hay detrás?
Y a propósito: ¿qué idioma es ese? ¿Qué ruido habla? ¿Sabe lo que dice?
No es inglés. Tampoco, contrariamente a lo que Rolling Stone pensaba (a lo que cada americano, ¡por Dios!, pensaba) es español. Y bien podría haber sido español porque Patrick Fernandes nació, se crió y habita (sí: todavía habita) los bajos fondos del “país más austral del mundo” (según el slogan que circula en sus textos escolares de formación primaria): Argentina…, donde da la casualidad que el español es la lengua oficial.
Pero no es español. No es ningún otro lenguaje natural porque no es un lenguaje natural. No es un lenguaje artificial porque no es un lenguaje. Eso, quizás, sea haber llevado las cosas demasiado lejos.
¿Puede un cantautor ser el principal artífice del cambio revolucionario epocal por lo que canta, y que nadie sepa lo que canta? La hipótesis más simple indica que lo que PF canta son secuencias de un lenguaje, y que esas secuencias dicen algo. Curioso: algo dicho que es indispensable e incomprensible. Un desarrollo subsidiario de esta hipótesis más simple indica que lo que dice lo dice en un idioma que nadie, en este mundo, comprende. Ni él.
Eso, quizás, sea haber llevado las cosas demasiado lejos.
Glosolalia (en griego, glossa, "lengua"; y lalein, "hablar"), conocido también por "don de lenguas". El término tiene varias acepciones: en medicina es una enfermedad padecida por personas de diversas razas, incluyéndose entre éstas, al escritor J. D. Salinger. En terminología médica, se refiere a una enfermedad que afecta al lenguaje, que consiste en la invención de palabras adjudicándoles un significado. El origen del término, sin embargo, es religioso y se refiere al fenómeno de hablar una lengua desconocida durante un éxtasis místico, hecho que se considera inducido por una divinidad. La glosolalia es muy frecuente entre miembros de ciertas corrientes religiosas cristianas como el pentecostalismo protestante y el movimiento carismático católico. (http://wikipedia.org/wiki/Glosolalia.)
Nada de esto sería un problema grave si PF accediera a dar notas, o a escribirlas, o a traducir sus afirmaciones en algún lenguaje conocido (preferiblemente el inglés). Siquiera a comunicar sus pensamientos, por más marginales que sean. Pero PF prefiere llevar las cosas demasiado lejos. PF no habla en público.
A propósito: la excursión realizada por Rolling Stone a los camarines del Garden después del recital constituye el duodécimo fracaso del proyecto de entrevistar a PF. Compone, a la vez, el duodécimo fracaso de un proyecto menor –y objetivo subalterno: verlo sin la capucha puesta.
Demos un paso más. PF no se muestra en público más que con esa capucha facial al estilo del Dr. Crane (alias “el Espantapájaros”) de las “Batman” filmadas por Nolan, que tapan toda la cabeza –cara incluida-, y no meramente su parte dorsal. Del aspecto privado de su vida no hay registros. Ni filmaciones, ni fotografías, ni impresiones grabadas o escritas. Nadie ve, nadie oye, nadie habla. Pero en las grietas está el traidor, que acecha.
Matías Pailos es el guitarrista de la banda y, presuntamente, mano derecha de Fernandes. A diferencia del líder de su banda, Pailos está dispuesto a hablar hasta por los codos.
Matías Pailos
Su nombre no exime de comentarios. Más bien los aglomera. De pie frente al micrófono, parece que no sabe qué hacer con las manos. Acaso si se sacara esa capucha todo andaría mejor. Pero claro: acaso si se hubiera sacado la capucha no estaría ahora ahí, frente al micrófono, abriendo las manos en clara alusión a Cristo en la cruz antes de desmayarse, a punto de entrar en la eternidad de la fama que lo condujo por los libros y los alientos hasta esta mención rockera y posmoderna de fin de década de la que solo se rescata su aspecto icónico y abre las manos. Despliega los dedos. Afila y apunta. Tensa y espera. Ya acude. Solo un poco más de silencio. Un poco más. Un poco más. Ahora. Ahora. Ahora. Los veinte mil bípedos implumes que pueblan el aforo en el cruce de la calle 33 y la 7ª Avenida se agitan, se contorsionan, abren la boca y se inicia la exhalación que segundos más tarde (ahora) será (es) el griterío que asola al fantasma que recorre este mundo: los medios. Patrick Fernandes está en cada casa, en cada calle, a cada segundo. Y algunos se preguntan por qué.
La música. Y un escalón debajo, la rara fascinación que ejerce la capucha, o lo que hay detrás. Y a propósito: ¿qué hay detrás?
Y a propósito: ¿qué idioma es ese? ¿Qué ruido habla? ¿Sabe lo que dice?
No es inglés. Tampoco, contrariamente a lo que Rolling Stone pensaba (a lo que cada americano, ¡por Dios!, pensaba) es español. Y bien podría haber sido español porque Patrick Fernandes nació, se crió y habita (sí: todavía habita) los bajos fondos del “país más austral del mundo” (según el slogan que circula en sus textos escolares de formación primaria): Argentina…, donde da la casualidad que el español es la lengua oficial.
Pero no es español. No es ningún otro lenguaje natural porque no es un lenguaje natural. No es un lenguaje artificial porque no es un lenguaje. Eso, quizás, sea haber llevado las cosas demasiado lejos.
¿Puede un cantautor ser el principal artífice del cambio revolucionario epocal por lo que canta, y que nadie sepa lo que canta? La hipótesis más simple indica que lo que PF canta son secuencias de un lenguaje, y que esas secuencias dicen algo. Curioso: algo dicho que es indispensable e incomprensible. Un desarrollo subsidiario de esta hipótesis más simple indica que lo que dice lo dice en un idioma que nadie, en este mundo, comprende. Ni él.
Eso, quizás, sea haber llevado las cosas demasiado lejos.
Glosolalia (en griego, glossa, "lengua"; y lalein, "hablar"), conocido también por "don de lenguas". El término tiene varias acepciones: en medicina es una enfermedad padecida por personas de diversas razas, incluyéndose entre éstas, al escritor J. D. Salinger. En terminología médica, se refiere a una enfermedad que afecta al lenguaje, que consiste en la invención de palabras adjudicándoles un significado. El origen del término, sin embargo, es religioso y se refiere al fenómeno de hablar una lengua desconocida durante un éxtasis místico, hecho que se considera inducido por una divinidad. La glosolalia es muy frecuente entre miembros de ciertas corrientes religiosas cristianas como el pentecostalismo protestante y el movimiento carismático católico. (http://wikipedia.org/wiki/Glosolalia.)
Nada de esto sería un problema grave si PF accediera a dar notas, o a escribirlas, o a traducir sus afirmaciones en algún lenguaje conocido (preferiblemente el inglés). Siquiera a comunicar sus pensamientos, por más marginales que sean. Pero PF prefiere llevar las cosas demasiado lejos. PF no habla en público.
A propósito: la excursión realizada por Rolling Stone a los camarines del Garden después del recital constituye el duodécimo fracaso del proyecto de entrevistar a PF. Compone, a la vez, el duodécimo fracaso de un proyecto menor –y objetivo subalterno: verlo sin la capucha puesta.
Demos un paso más. PF no se muestra en público más que con esa capucha facial al estilo del Dr. Crane (alias “el Espantapájaros”) de las “Batman” filmadas por Nolan, que tapan toda la cabeza –cara incluida-, y no meramente su parte dorsal. Del aspecto privado de su vida no hay registros. Ni filmaciones, ni fotografías, ni impresiones grabadas o escritas. Nadie ve, nadie oye, nadie habla. Pero en las grietas está el traidor, que acecha.
Matías Pailos es el guitarrista de la banda y, presuntamente, mano derecha de Fernandes. A diferencia del líder de su banda, Pailos está dispuesto a hablar hasta por los codos.
Matías Pailos
Etiquetas: Campaña hormiga, Relatos

